
Mi Kabbala – Adar 12, 5786 – Domingo 1 de marzo del 2026
¿Templos?
El Texto de Textos nos revela en Jeremías 33:3, “Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes”.
Está claro que podemos orar en diferentes lugares. Y aunque tradicionalmente preferimos para ello los templos, no podemos negar que los cristianos somos conscientes que debemos encontrar en nuestro ser interior, ese escenario de reconexión con nuestro Creador a través de su Espíritu, hablándole directamente. Dialogo (לְדַבֵּר, ledaber), que debe ser más que de peticiones, para alabarle y agradecerle por todo lo que nos ha otorgado, sin merecerlo, sin embargo, al estar desconectados de Él desperdiciamos ese recurso quejándonos y mal diciendo, obviando que nuestra boca y palabras fueron hechas para bien decir, para crear y recrearnos en Su obra.
El pueblo judío tiene otra concepción al respecto de Su Templo: el de Jerusalén, en donde se encontraba el Lugar más Santo de los Santo, escenario del Arca de la Alianza; un cofre dorado, que guardaba las dos tablas de piedra de la Ley, que termino dvir, palabra que en hebreo viene de la raíz: דבר (DBR), que en su esencia significa hablar. Espacio en donde el Sumo Sacerdote hablaba directamente con el Creador, lo que como analogía a los creyentes nos llama a que ese nuestro cuerpo como templo, gracias al Espíritu Santo, sea ese entorno de reencuentro, en donde como ellos, hacemos nuestro Yom Kippur: Expiación de nuestras fallas y corrección de las mismas.
Asumamos que estamos llamados a hablar más con nuestro Creador: a orar y, aunque para nuestros ancestros ello solo lo podía hacer el Sumo Sacerdote, gracias a que este encendía incienso sobre la cubierta dorada del Arca de la Alianza (כפרת, kaporet) es importante visionar desde esa raíz KPR, que kippur, es expiación, por lo cual ya no tenemos bloqueaba nuestra vista de esa divina presencia del Creador, debido a que nuestro Sumo Sacerdote nuestro Señor Jesucristo expío nuestros pecados y ahora podemos comunicarnos directamente con Él, quien se encuentra en el templo de nuestro Ser, entre nosotros y nos limpia de nuestros múltiples pecados gracias a nuestra fe en Él.
Hablar con el Creador para nosotros como creyentes y gracias a nuestro mediador implica por ende, que en nuestras oraciones le alabemos más y le agradezcamos por todo y por todos, ya que reconocemos que nuestra vida es eterna (עַד, ad) y que todo lo que nos sucede en este paso temporal por este mundo, son pequeños instantes de crecimiento en donde nos perfeccionamos a través del amor, para poder reencontrarnos con Él desde nuestro templo corporal, para que así guie nuestra alma de retorno a nuestra morada.
Es la oración la que nos limpia interiormente: Sanctasanctórum (דְּבִיר devir) para los antiguos judíos. Purificación de impurezas, que cada día y a cada instante, nos acerca a Èl, perspectiva que a nosotros nos invita a entender la importancia y trascendencia de la salvación y todo lo que gracias a Su sacrificio nos ha sido otorgado y de lo cual podemos disfrutar a través de una simple oración, por fe, siendo necesario por ello, que usemos mejor esta herramienta de comunicación y en vez de quejarnos, pedir o reclamarle, nos enfoquemos en vivir alejados del pecado y más cerca de su diestra.
El Texto de Textos nos revela en I de Juan 5:14, “Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye.
Oremos sin cesar, alabándole y agradeciéndole.



