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Mi Kabbala – Adar 13, 5786 – Lunes 2 de marzo del 2026

¿Ayunamos?

El Texto de Textos nos revela en Esther 9:30, “Y fueron enviadas cartas a todos los judíos, a las ciento veintisiete provincias del rey Asuero, con palabras de paz y de verdad, 31 para confirmar estos días de Purim en sus tiempos señalados, según les había ordenado Mardoqueo el judío y la reina Ester, y según ellos habían tomado sobre sí y sobre su descendencia, para conmemorar el fin de los ayunos y de su clamor. 32 Y el mandamiento de Ester confirmó estas celebraciones acerca de Purim, y esto fue registrado en un libro”.

Ayunar debe ser sinónimo de ayudar, por lo menos si releemos la palabra hebrea Purim (פּוּרִים) podemos visionar desde esa fiesta judía que conmemora la liberación del pueblo judío del antiguo Imperio Persa, esa visión de recibir a diario la ayuda del Creador, más cuando hay complot para destruirnos. Así que tal como lo hizo Ester (Taanit), aquel trece de Adar, durante tres días, debemos en oración, confiar en el Creador, siendo esta nuestra principal política de vida. No perdamos de vista que Él acude y responde a nuestras peticiones de acuerdo a Su eterna promesa, esa que habla de salvación, de rescate.

Una lectura profunda de dicho texto nos deja además otras enseñanzas no solo para llenarnos de confianza y paz, sino para comprender que en ocasiones esas aflicciones se convertirán en alegría, gracias a que le creemos a Él, convirtiendo nuestros días en fechas alegres, que nos llaman a compartir el regalo de sabernos vivos, por ende, quienes celebran el Purim lo hacen además a través de obsequios a los más necesitados. Y aunque son costumbres de un pueblo, la mayoría de estas tienen que ver con una invitación permanente del Creador para todos sus hijos, la cual implica, el ayudarnos (עֵ֫זֶר, ezer). 

En el fondo, la vida nos invita al intercambio de diversos regalos: dones, que deben compartirse de forma recíproca para retroalimentarnos y alentarnos. Talentos, que mirados desde la lógica cotidiana tienen que ver con dar de lo mejor de nosotros en pro del bienestar general. Por ello, quienes tienen la hermosa costumbre de compartir (manot mishloaj) tal y como se hace en esta festividad Hebrea, nos reiteran la importancia de refrescarnos con la palabra del Creador a diario, la misma que encontraron los patriarcas y que los llevó a recitar la lectura de la Meguilá o del Rollo de Ester (מְגִילַת אֶסְתֵּר) y asi no perder de vista que ayudándonos nos liberamos de la esclavitud del pecado.

En algunas latitudes se celebra esta fecha con el uso de máscaras y disfraces, pero más allá de la postura que asumamos frente a este recordatorio, es de suma importancia que si queremos dedicarle nuestras vidas y dones al Creador, como Esther, entendamos que el ayuno es una ayuda para nuestros próximos, aun colocando nuestra propia vida en riesgo. Ayuda, que no es dar de lo que nos sobra, sino de lo mejor que tenemos, ya que recibimos gratuitamente del Creador esos dones (נֵ֫דֶה, nedé) para colocarlos al servicio de todos.

Cientos de parábolas, expresadas por los profetas a través del Texto de Textos como de las que nos habla Isaías (יְשַׁעְיָהוּ‎), nos reiteran que el ayuno no es cuestión de posturas físicas o de una manifestación exterior de lamento, sino una intención del corazón en donde nos alejamos de los deseos egoístas, para estar prestos a escuchar al Creador y servirle en sus propósitos, muchos de los cuales se traducen en amarnos.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 6:17, “Pero tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara para que no sea evidente ante los demás que estás ayunando, sino sólo ante tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará”.

Oremos y ayunemos para que nos motivemos a ayudar y servir más.

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