
Mi Kabbala – Nisán 16, 5786 – Viernes 3 de abril del 2026.
¿Pascua?
El Texto de Textos nos revela en Éxodo 12:25, “y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará, como prometió, guardaréis este rito. 26 Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, 27 vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró. 28 Y los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente así, como Jehová había mandado a Moisés y a Aarón”.
La pascua para los Judíos (פסח, salto) tiene que ver con su salida de Egipto y para los cristianos con la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, pero para todos los creyentes significa la liberación de nuestros pecados, entendiendo que ese pan de vida, el de ellos sin levadura, el nuestro como cordero que con su sangre nos redimió; nos nutre para tener la fuerza y separarnos de esos deseos mundanos, que nos tienen esclavizados. Él nos redimió, pagó con su sangre por todos nuestros pecados, siendo necesario que en nuestro caminar diario le sigamos con Fe nutriéndonos de Su amor.
La Pascua como celebración consta de una serie de ritos hogareños, como el séderPésaj (סֵדֶר, orden) en los cuales se conmemora no solo la liberación de dicho cautiverio por Moisés, sino también la transformación de esa conciencia para ser nación libre y dotada de una ley. Es por ello, que durante la Pascua, se les prohíbe la ingestión de alimentos con cereales o fermentados con levaduras y además sus casas son sometidas a una rigurosa limpieza en la cual se aprovecha para sacar todo aquello que daña, denotándonos la necesidad de purificarnos de todo lo que nos aleja del Creador.
La Pascua Hebrea o Pesaj, nos ayuda a liberarnos, guiándonos durante nuestro proceso de vida hacia el comienzo del viaje hacia la libertad genuina; la eterna, la que va más allá de lo físico. Alejamiento de la esclavitud del ego, del mundo egipcio mercantil y de unos deseos que nos mantienen incluso temerosos, pero una vez crucemos el Mar Rojo de las tentaciones (קריעת ים סוף, Kriat Yam Suph) que ha endurecido nuestro corazón, dejaremos de buscar ser faraones, para desapegamos y quitarnos las cadenas del pecado.
Seguimos rodeados y atrapados entre montañas de deseos y pareciera no existe forma de escapar del engañador, pero HaShem (השם) continúa dividiendo el agua de nuestro mar de emociones para permitirnos que caminemos a través del lecho marino seco hacia Él, escapando hacia la seguridad y libertad de Su reino. Así fue como Él destruyo al pecado permitiéndonos seguir en busca de la tierra prometida, gracias a nuestras Fe, para lo cual Él ordena nuestras coexistencias para que el caos y la oscuridad no nos distraigan y podamos encender nuestro entendimiento y conciencia con Su Luz.
Eliseo (אלישע, Elyša) como profeta nos llama a mirar cada primer día de los panes sin levadura, y los siete días más de celebración, que inician con una cena familiar llamada, séder de Pésaj, para que esa comida espiritual que se comparte (pan ácimo o matzá, מַצָּה) sea la mejor oportunidad para lograr que esta travesía en los desiertos terrenales nos nutra, ya que ese Pan de Vida y esa copa de Su sangre: la del cordero, nos aporta desde nuestra mesa el sabernos unidos con Él: nuestro camino, nuestra verdad y el único capaz de otorgarnos el renacer en la vida eterna.
El Texto de Textos nos revela en Romanos 5:9, “pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. 10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”.
Oremos para que nos liberemos de todo lo que nos esclaviza a este mundo.



