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Mi Kabbala – Tamuz 29, 5786 – Martes 14 de Julio del 2026.

ÂżDones?

El Texto de Textos nos revela en Éxodo 31:3, “Y lo he llenado del Espíritu de Dios en sabiduría, en inteligencia, en conocimiento y en toda {clase de} arte”.


El concepto de don, talento o habilidad, que para algunos tiene que ver con nuestra inteligencia o conocimiento, nos habla más que de una propiedad o de una habilidad (Jojmá, חָכְמָה) de cómo debemos usar esas herramientas sabiamente para ser útiles a la obra creadora. Esto se traduce en actuar conforme a la palabra del Creador, quien guía nuestras vidas, reconociendo que es Él quien nos permite articularnos como seres vivos, para lo cual contamos con un lenguaje, el mismo que podemos usar para que nuestros entornos al recrearse en este se reintegren a Él a través del amor.

Desde esa mirada, nuestra inteligencia (biná, תְבוּנָה) de la raíz B.I.N, nos proyecta más bien una capacidad para discernir, usando ese entendimiento de tal forma que podamos valorar y evaluar cada circunstancia, llevando nuestro libre albedrío hacia Su voluntad, en pro de nuestro crecimiento integral. Conocimientos (dáat, דַּעַת) que deben servirnos para asumir lo correcto de sus preceptos, acercándonos cada vez más a Él al integrarnos a través de Su obra. Esto quiere decir que, si no usamos bien nuestros dones, simplemente estamos desaprovechando todo lo otorgado, para sabernos y sentirnos parte de Él.

Quizá por ello, en nuestros diarios devenires, debemos fortalecer nuestras habilidades responsablemente (כישרון, kisharon), potenciándolas hacia el servicio, ya no para un beneficio egoísta que en algunos momentos nos lleva incluso a suponernos superiores a los demás por estas habilidades sino a ser vistos como bendiciones. Y es que tenemos que responder por su uso, aportando lo mejor de nosotros en busca de promover esa armonía divina que debe primar en todo lo creado. No perdamos de vista que estamos llamados no solo a obedecerle, sino también a aportar a esos sus propósitos.

Bendición (baraj, ברך) de la raíz BRK, que traducida como rodilla, nos indica que todos esos dones o bendiciones son de Él y que, además de agradecerle por estos y los deleites que nos producen, estamos llamados no solo a arrodillarnos permanentemente para adorarle y alabarle por ellos, sino también a mirar desde el suelo al cielo, sabiendo que dependemos totalmente de Él, como nuestra única fuente de vida. Bendiciones que, por lo tanto, como talentos, nos obligan también a trabajar permanentemente para que este mundo le conozca y le reconozca y, gracias a ello, todos coexistamos fraternal y servicialmente.

Balaam (בִּלְעָם) quien fue llamado a maldecir al pueblo, nos recuerda que estamos llamados a bendecir (berajá, ברכה), tal y como nos enseñó nuestro Señor Jesucristo al recitar aquel verso que aún los judíos pronuncian antes de comer pan: “Bendito seas, Señor, Rey del Universo, que haces brotar el pan de la tierra” y que nosotros, como creyentes, deberíamos repetir por todo y por todos, en la búsqueda de que nuestras palabras, nuestros conocimientos, nuestra sabiduría, nuestras habilidades y todos los dones se traduzcan en que aportemos lo mejor de nosotros, gracias a que se nos otorgó esta vida, no solo para adorarle, sino para vivir conforme a su voluntad y mandatos.

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 12:4 “hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Creador el que hace todas las cosas en todos”.

Oremos permanentemente agradeciendo por nuestras bendiciones y dones.

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