
Mi Kabbala – Av 4, 5786 – Sábado 18 de julio del 2026
¿Descansar?
El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 5:12, “Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero observa el séptimo día como día de reposo para honrar al Señor tu Creador.
El concepto de reposo al que en ocasiones se nos hace referencia, para decirnos que el Creador descansó un día después de completar su creación, nos indica que Él cesó de ella. Esto es diferente a pensar que Él necesita descansar, ya que Él no desfallece, ni se fatiga. Lo que quiere decir que reposó (נוּחַ, nuaj) que, se dedicó a guiar al ser humano, quien debe mantener su continua alternancia entre hacer y descansar. Fatiga que, se combina con el ocio, en un proceso de vida que culmina al ser purificados y llegar a lo eterno, donde se consumará la actividad creadora. Momento en donde los seres humanos terminamos entendiendo, gracias a nuestras vivencias, el manejo de nuestro libre albedrío.
Desde esa perspectiva, el conteo de los días de la semana hebrea se estableció desde el momento de la creación como un ciclo de siete días. Aunque parece algo obvio, la idea es que los seres humanos, gracias a esta secuencia, se organizarán y coordinarán sus búsquedas y deseos durante dichos ciclos, los mismos que varían según la cultura. Tarea que a su vez requiere de ese distanciamiento divino en pro que nuestros días, nombrados o enumerados, nos lleven hacia el momento de definir si aprendimos o no: séptimo día de la eternidad (וַיִּשְׁבֹּת, va-yishbot), כִּי בוֹשָׁבַת (ki vo shavat), donde ya no tendremos más opción de decidir, ya que nos debemos alinear o no a su eternidad.
El pueblo Judío nos habla de: שַׁבָּת (Shabat), palabra que nos recuerda más que aquel reposo divino, el descanso de nuestras actividades para enfocarnos solo en Él, en ese séptimo día donde todo esfuerzo cesará, momento eterno que será realmente el punto de inflexión en el cual el Creador nos espera, tiempo en el que cesó para bendecir su obra, convirtiendo ese instante eterno en un escenario especial. Paréntesis a través del cual se nos llama a alinearnos con Su voluntad, ofreciendo para ello nuestros dones y esfuerzos en pro de ese regocijo que nos comunica con Él.
Quienes confunden el concepto de día de descanso (נָח, naj), con la palabra reposo, obvian que toda la humanidad espera ese día, incluso mientras transcurren nuestras agitadas agendas. Día, en el cual descansaremos tanto de cuerpo, mente y alma. Oportunidad que realmente es para integrarnos al reino de los cielos, lo que resignifica al Shabat, dándole a ese punto de reencuentro una nueva interpretación en donde el deseo de recibir nos lleva más bien a llenarnos de las profundas enseñanzas de vida como lo expresa la Torá, dejándonos guiar por fin por el Creador al compenetrarnos con su plan de vida.
Aquel día entenderemos la importancia de ser ejemplos de vida (הודיע, hodiyah), palabra que viene de la raíz: י.ד.ע. (Y.D.A.) que significa también percibir, algo así como hacer que otros lo sepan. Esto nos invita a sabernos sus hijos y por ende a coexistir en dicha fraternidad para la cual todos nos intégranos a Él a través de esta Su obra, denotando en nuestros comportamientos que estamos anhelando ese día de descanso eterno en donde nunca más nos alejaremos de Él.
El Texto de Textos nos revela en Hebreos 4:9, “Por consiguiente, queda todavía un reposo especial para el pueblo del Creador; porque el que entra en el reposo del Creador descansa también de sus obras, así como el Creador descansó de las suyas.
Oremos anhelando entrar en el reposo del Creador.



