
Mi Kabbala – Av 3, 5786 – Sábado 18 de julio del 2026
¿Viento?
El Texto de Textos nos revela en Isaías 61:1, “El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres”.
Algunos estudiosos de la Palabra del Creador nos dicen que Él se integra perceptivamente a nosotros a través del viento (רוּחַ, ruaj). Ya que allí está su hálito de vida. Lo que explica que en el aire encontramos esas partículas divinas que, disfrazadas de oxígeno, alimentan y alientan todo, otorgándole movilidad a nuestras existencias. Sin ese aire no podríamos coexistir, lo que no desdice de reconocer que Él está en todas partes, en cada partícula que nos conforma y rodea, que Su Espíritu se integra a todas nuestras dimensiones de vida, denotándonos que vivimos por Él y para Él.
“Ruaj Elohim” (רוּחַ אֱלֹהִים) significa por ello: presencia del Creador. Expresión que en Génesis hace referencia a que Él está ahí, en todo. Visión que, para algunos estudiosos, también implica que “ruaj”, no sea tan solo una referencia al viento, sino a Su Espíritu. Demostrándonos desde esa bella analogía, que Él es la creación y que, aunque no le podamos percibir de una forma específica, nos llama a aceptar que Él es quien nos otorga la vida y todo lo que ella simboliza, de lo cual somos medianamente conscientes, aun cuando sigamos promoviendo más nuestras inconsciencias.
Tal vez por ello, Él tuvo que materializarse no solo desde nuestra visión física, para que pudiésemos entenderlo, como el que le da aliento y movilidad a todo, sino para que aceptáramos que le debemos la vida. Por ende, Èl es: (merahefet, מְרַחֶפֶת), quien se movía en las aguas y quien como águila cuida de sus polluelos. Expresiones que en la Torá nos denotan su máximo esmero, servicio y afecto por nosotros, siendo SU guía y el cuidado parte de ese plan, el cual revolotea (merahefet) en nuestras mentes para que como polluelos, nos acojamos a sus alas confiadamente.
Para poder comprender este tipo de analogías, así como todas las demás enseñanzas que nos vislumbran las Escrituras, cual parábolas, debemos alejarnos un poco de nuestros sesgos lingüísticos y de definiciones limitantes mundanas, permitiéndonos percibirle en todo, no solo en el viento, moviéndose a nuestro alrededor, sino en nuestras propias expresiones, agradeciéndole y alabándole ya que lo reconocemos dentro de nuestro ser interior, en cada partícula de nosotros. Templo corporal (גוּף, guf) que es el mejor espacio para reencontrarnos con Él a cada instante, necesitando para ello tan solo de una simple oración. La misma que nos comunica, coloca en común, en comunión, en comunidad.
Entender que el Espíritu del Creador se mueve amorosamente sobre Su creación es, por lo tanto, aceptar que su esencia es la que nos otorga la vida, por lo que cada molécula de este universo le contiene, lo cual se traduce en vislumbrar que Él debe ser nuestro principal proyecto de vida y que todo lo que se nos ocurre lo debemos construir de acuerdo a Su voluntad. Pacto (בְּרִית, brit) que significa atender que como sus hijos somos su máxima expresión, lo que nos llama no solo a atenderle sino a entenderle, ya que está haciéndonos permanentes llamados para que concretemos esa alianza y nos dejemos guiar por su Santo Espíritu de retorno a Su presencia, de la cual nos alejamos fruto del pecado.
El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 3:17, “Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y, donde está el Espíritu del Creador, allí hay libertad”.
Oremos para que el Espíritu del Creador nos guie en todo momento y lugar.



