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Mi Kabbala – Av 22, 5786 – Martes 4 de agosto del 2026

¿Cubrirnos?

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 22:5, “la mujer no vestirá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer; porque cualquiera que hace esto es abominación al Señor tu Creador”.

Se cree que hay diferentes formas de mostrar nuestro respeto para con el Creador, siendo necesario eso si el hacerlo desde nuestras palabras, pensamientos y actos. Y aunque hay quienes además lo hacen además con su vestimenta, colocándose incluso sus mejores prendas para ir a la Iglesia, lo importante es que aprendiendo de pueblo Judío logremos que ese Talit (טַלִּית) nos permita reconocerle a Él como como ser Supremo, denotando reverencia, la cual se hace al cubrirnos. Ropaje Tzitzit, que es el nombre dado a los flecos del Talit, que nos deben servir como una especie de recordatorio no solo de los mandamientos del Creador, sino que Él nos debe guiar.

Para algunos creyentes el cubrimiento de la cabeza tiene que ver también con esa muestra de respeto, naciendo de allí otro concepto: el de piedad (Irat Shamaim, יִרְאַת שָׁמַיִם), en pro de indicarnos que Él está por encima de nuestras cabezas, que es Él quien debe guiarnos, para lo cual nos revela sus mitzvá, haciéndonos conscientes de estos mensajes al llevar siempre a cabo esa Voluntad divina gracias a acogernos a los principios que reconocemos como Su sabiduría, por ello, tanto la kipá (כִּפָּה)‎, cúpula o parte superior como pequeña gorra ritual usada tradicionalmente por los varones judíos, nos habla de estos fines.

Vestuario que se complementa con un manto que rodea el cuerpo, con los cordeles que cuelgan de él, representando los dos aspectos del Creador y su forma de relacionarse con nosotros, siendo esos pequeños hilos que cuelgan de las puntas tan solo una diminuta fracción de Su Ser, la misma que podemos experimentar si nos permitimos sabernos arropados por su amor, lo que le da incluso al sombrero negro, borsalino o Fedora (פדורה) al igual que la Kipá negra de terciopelo como complemento o al saco negro, medias o la camisa, más la barba colorada e incluso los anteojos; esa misma connotación.

Costumbres que nos denotan que no son las prendas de lino o lana las que marcan la diferencia sino que debemos buscar vestirnos de su misericordia, de ser íntegros, de sabernos siempre más cerca de Él, quien cubre nuestro pecado. Siendo esos ropajes que nos envuelve insumos que nos reiteran la vergüenza de desobedecerle, razón de peso para que algunos judíos, besen y tomen con cierta periodicidad el Tzitzit (ציצת) que cuelga de sus cuerpos para reverenciarle, alabarle y agradecerle por perdonarnos y guiarnos.

Los creyentes Cristianos deberíamos por lo menos vislumbrar el cómo nos sentimos más cerca del Creador gracias a nuestras actitudes, pensamientos pero sobre todo con nuestras expresiones, las cuales deben estar acompañadas de un vestido de servicio y amor que denota que vivimos honrando y respetando a ese Ser Supremo, al que desafortunadamente poco o nada reconocemos como guía, en un mundo que no denota el debido respeto hacia ese ser supremo de quien aun siguiendo nos avergonzamos, más no de esos cuerpos desnudos (עירום, eiróm) pecadores que nos reiteran nuestras desobediencias.

El Texto de Textos nos revela en Santiago 2:1, “hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos?”

Oremos para que honremos con nuestras acciones a nuestro Creador.

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