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Mi Kabbala – Elul 29, 5786 – Miércoles 9 de septiembre del 2026

¿Palabra?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 40:8, “La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Creador permanece para siempre”.

El Tetragramaton, según la literatura rabínica nos habla de HaShem como nombre Especial. Termino usado para referirse a esas cuatro letras impronunciables: yud-hey-vav-hey: יהוה, que en la Biblia nos presentan al mismo Creador y que algunos traducen como Yahvé o Jehová. Manifestaciones que nos hablan de Adonai:  אֲדֹנָי , Señor, Elohim o Dios. Signos que tan solo nos indican la necesidad de acercarnos a ese Padre amoroso a través de nuestras palabras, para así alabarle, agradecerle: vivir.

Desde esas cuatro líneas o signos se formó todo lo que reconocemos, lo que significa que la combinación de estas también nos lleva a nuestra esencia, siendo el Yo Soy o Él que Es, o Aquel, la única forma de entender nuestra existencia. Lo que quiere decir que nuestro lenguaje nos llama a Él y por ello, cada signo, letra, palabra, idea o pensamiento que expresamos nos recrea no solo en su obra sino en su esencia. Razón de peso para no seguir violentando nuestras expresiones, ya que estas irradian Sus chispas de  luz (נִיצוֹץ שֶׁל אוֹר, Nitzotz shel Or) recreándonos así en aquello que nosotros mismos creamos.

Esos signos tienen el poder de Crear siendo las del tetragrama: Yod-He-Vav-He, las que activaron todo. Proceso lingüístico de fecundación hacia la acción, que parte del verbo que descendió y dio lugar a nuestra formación la cual permite nuestra transformación al consolidar con ellas nuestra realidad que parte de cada signo o letra. Principio, que le da a Vav, por ejemplo, una conexión entre el cielo y la tierra, la conciencia del Yo, del aquí y ahora; a Yod, como segunda Letra, la fuerza, de allí proceden palabras como Guf, cuerpo, que con sus sonidos vacíos expresan la conjunción y por su simbología de un gancho, representa también la facultad de invertir el tiempo, presente o futuro mostrándonos como idea una continua eternidad (נְצִחִיוּת, Netzachiyut).

La He,que se repite, participa de forma más activa en la revisión del universo y nos llama a tomar consciencia del enlace del Vav,entre el principio y el fin de todas las cosas, entre el cielo y la tierra, entre lo superior y lo inferior, llevándonos a ver la fuerza de la razón y de la dialéctica para que apacigüemos las emociones que tanto afectan nuestra naturaleza humana, lo que explica la misión de corrección de esta vida en donde ese cuerpo (guf, גוּף) es el receptor de la energía divina y el lenguaje, el transmisor de esa luz que todo posee.

Desde esas cuatro letras que constituyen las 22 originales hebreas y a la vez las de cada alfabeto por diferente que estos nos parezcan, se forjo nuestra realidad, que es una narración lingüística. Lo que significa que estos símbolos describen tanto la vida como nuestra esencia, siendo nosotros receptores de Su energía. Vibración divina que nos llama a tomar conciencia para recrearnos armónicamente en lo creado, siendo esos signos transmisores de lo que posibilita nuestras interacciones e integración gracias a esas chispas de ideas que le dan a nuestra materia fragmentada la articulación con todo lo creado (בְּרִיאָה, Beriyá) en pro de nuestro crecimiento como partes de esta obra celestial.

El Texto de Textos nos revela en Juan 8:23, “Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. 24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis”. Oremos para que el nombre de nuestro Creador no sea invocado en vano.

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