
Mi Kabbala – 1 Tishrei 5787 – Viernes 11 de septiembre del 2026
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El Texto de Textos nos revela en Génesis 1:5, “y llamó el Creador a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día”.
Cada AMAnacer, el Creador nos regala un millar de nuevos instantes llenos de enseñanzas, los cuales regularmente despreciamos: desperdiciándolos y obviando que son oportunidades de crecimiento para acercarnos más a Él como fuente de luz y vida. Es necesario que esta secuencia de tiempo, que se suma día a día, nos lleve en cada nuevo ciclo a Su plan. Quizá por ello, Tishrei (תִּשְׁרֵי), como nuevo mes y año del calendario, nos llama a buscar ese sentido trascendente en el que cada instante; cada presente, contiene señales y revelaciones que nos permiten reconocernos como Sus hijos.
Cada signo lingüístico, leído como letras nos ilumina. Propósito divino de mostrarnos cómo retornar a Su lado siendo esos símbolos como yod los que nos revelan a través de nuestras palabras que nuestras manos (yad, יד, de forma similar al meñique), por ejemplo, nos está proyectando señales en pro de reconocer que hasta el más mínimo detalle de nuestras coexistencias tiene un valor. De allí la necesidad de que ese fluir verbal que nos interrelaciona le de incluso a nuestras manos la posibilidad de construir esa nueva realidad.
Festividades como el Rosh Hashaná nos invitan, por lo tanto, más que a mirar hacia el futuro o a considerar el pasado; a revisar permanentemente en este Presente nuestra relación con el Creador, la misma que nos ayuda a aprender de nuestros errores y a mejorar, creando nuevos propósitos personales. El Año Nuevo es ese espacio que más allá de rituales de limpieza espiritual, nos llama a priorizar en oración la lectura de Su Palabra: guía que nos llama a despertar, a dejar atrás nuestros pecados, vaciándonos (Tashlij, תשליך) de tantas ilusiones, descartando así todas esas impurezas que solo se limpian con nuestra fuente agua viva: nuestro Señor Jesucristo.
Alejemos de rituales vacíos para atender mejor Sus revelaciones, las mismas que como bendiciones nos dicen que Rosh Hashaná es para iluminar con las velas de nuestro entendimiento todo, alimentándonos del vino de su sangre y el pan (jalá) de Su ser, impregnando así nuestras vivencias de su orientación trascendente, la misma que nos otorga ese crecimiento necesario para gozarnos ya no solo con las manzanas remojadas en miel del pecado, sino en la esperanza de sabernos redimidos, perdonados, guiados por Su Palabra, la misma que en sus 613 mandatos (Mitzvot, מצוה) nos aporta las semillas para nutrir nuestras intenciones con la dulzura de Su amor, coexistiendo conforme a Su plan.
Los creyentes debemos entender que, gracias a la vibración de Su Palabra, esos signos lingüísticos nos orientan y guían hacia la corrección personal: Tikún (תיקון), logrando que nuestros egoísmos y alejamiento con lo divino se enmiende, para que así quienes se ven afectados por nuestras acciones u omisiones reciban como nosotros de esa misericordia divina, retroalimentamos siempre con las chispas de Su luz, permitiéndonos llegar al otoño de nuestras vidas renovados por sus nutrientes espirituales, esos que nos incitan a no borrar con nuestras manos ni una pequeña jota de las enseñanzas de nuestro Salvador.
El Texto de Textos nos revela en II de Tesalonicense 3:1, “por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, 2 y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe”.
Oremos para que no obviemos nada de la Palabra del Creador.



