
Mi Kabbala – 27 Tishrei, 5787 – Jueves 8 de octubre del 2026
¿Conceptos?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 2.23, “Esta es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne; ella será llamada mujer, porque del hombre fue tomada”.
La sagrada palabra del Creador una vez entregada a Moisés con sus signos, letras y frases, nos proyectó revelaciones y señales de vida, que aunque distorsionamos con interpretaciones sesgadas y conceptos descontextualizados, confusos, nos pueden llevar a enfocarnos a través de esos estudios profundos y la oración, hacia la guía e iluminación del Espíritu Santo, que debe convertir toda esa amalgama de especulaciones (מְפָרֵשׁ, mefaresh) en verdades, las mismas que le dan ese sentido trascendente a cada circunstancia, elevando así nuestras intenciones y deseos.
Quienes afirman, por ejemplo, que el Creador sacó a Eva de una costilla de Adán, omiten que la traducción más coherente de ello expresa que fue un “costado” (tselaot). Plural de tsela (צֵלָע), lo cual hace referencia a varios órganos. Esto ha llevado a algunos a pensar que podría estar aludiendo a los genitales o incluso a huesos. Y uno de estos, según la actual visión de la clonación, podría contener toda la información genética para crear a un ser humano. Quizá por ello se habla de dos creaciones: una del polvo, a la cual regresamos y otra de hueso, que con su información nos habla del Padre.
Conceptos que como tsela (צֶ֫לַע) pueden entenderse como algo lateral al cuerpo o que está a su lado, como los brazos que salen del tronco, nos denotan según las Sefirot y sus pilares una armonía, donde en la derecha: Jojmá, Jesed y Netsaj representan el pilar de la misericordia y el amor, el espíritu masculino y activo, mientras los de la izquierda: Biná, Guevurá y Hod simbolizan el juicio o rigor, la concentración y el espíritu femenino, material y pasivo. En el centro, Kéter actúa como basal, para que las tres Sefirot restantes: Tiferet, Yesod y Malkut proyecten los atributos divinos más absolutos de nuestra conciencia; Daat (דָּ֫עַת), que nos muestra el yo superior ubicado en el abismo cabalístico.
Kéter, como conciencia divina, hace referencia a un todo, en donde lo masculino y lo femenino se complementan como principios fundamentales del cosmos: el activo, masculino y positivo, espíritu y energía; y el femenino, pasivo y negativo, materia y sustancia, formando un todo (basar, בָּשָׂר). Expresión que se traduce como “carne” y que hace referencia a algo. Cubierta temporal de una entidad que no reconocemos por estar alejados de la luz del Creador, pasando por alto incluso dones como la procreación, que nos unen a Él pese a visiones mundanas fragmentadas que paradójicamente nos alejan.
Al hablar en nuestro lenguaje finito y limitado de los frutos prohibidos del árbol del conocimiento del bien y el mal (רֹעַ), más que visionar estos a través de palabras como manzana (tapuaj, תַּפּוּחַ), debemos intentar comprender la invitación a nutrirnos de lo que resignifica nuestra condición humana, para alinearnos desde lo material, que aunque nos seduce con engaños y nos habla de la caída, nos sirve para comprender dónde estamos y cómo podemos retornar a ese estado original, a través de esa Su palabra la misma que nos proporciona fragmentos de esa otra realidad espiritual.
El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 2:9, “Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad”.
Oremos para que entendamos de mejor forma la Palabra del Creador.



