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Mi Kabbala – 24 Tishrei, 5787 – Lunes 5 de octubre del 2026

¿Iluminación?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 45:12, “Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé”.

Las letras hebreas (אות, ot) son chispas que iluminan nuestros imaginarios. Lenguaje que en su semiótica nos lleva a reinterpretar lo que reconocemos como realidad, la cual va variando a medida que estas iluminan nuestro entendimiento con otros significados. Principio de vida semántico que con sus conocimientos nos aporta nuevas lecturas, en pro de entender por ejemplo que Alef (א), desde su simbología releva ese mensaje de nuestro Señor Jesucristo: Árbol de la Vida, principio de todo, que hace que nuestras expresiones se transformen. Visión para sabernos parte integral de todo lo Creado.

Son señales que le dan a la raíz Alaf (Alaph – אָלֶף), nuevos conceptos en pro de cultivar, aprender, asemejarnos, multiplicarnos, en fin, de ser útiles a la obra. Quizá por ello palabras como Elef (Eleph o buey) nos hablan más bien de un número: el mil, el mismo que en analogía con Aluf (Alouph o cultivar), nos llama a gobernar nuestras vivencias a cada instante. Voluntad que se logra a través de la unidad familiar, la misma que nos va guiando hacia esa esencia de la que provenimos, logrando así que nuestros imaginarios se llenen de otras visiones de vida, para que esa nada, silencio o vacío existencial que nos cogobierna, se llene con su plenitud, con su fluir, con la vibración de Su palabra.

La misma forma de cada letra, nos proyecta como en el caso de Alef (א) esas señales y en el caso de Vav (ו) estas nos dan la idea de esa fuerza pacífica que implica confiar, tener calma, entender y atender todas sus manifestaciones, en pro que cada concepto, nos hable de Él a través de lo creado. Él diseñó todo dándole forma a lo que vivenciamos, por lo cual  Alef, nos habla de ese principio, pero también de continuidad, así como de estabilidad y de equidad, fundamentos entre los mundos, superior e inferior, entre la tierra y el cielo, entre este sistema y el cosmos, que nos reconfirman que hay un plan divino.

Cada relectura de los signos lingüísticos nos denota la animación que le otorga el vibrar de Su palabra a este mundo, lo que implica dejar de percibir las letras como imágenes muertas y con ellas transformar ese laberinto intelectual que necesita nutrirse de Su luz para que nuestra esencia, desde dicho entendimiento despierte y se enfoque en ese deseo de unidad. Es por ello que Alef nos habla de esa fuerza divina penetrante, la que fecunda a otras letras para darles un sonido, más allá de nuestro entendimiento terrenal que se recrea en expresiones y que debe movilizarnos hacia la redención y salvación (Yasha, יָשַׁע).

Oseas (Hōšēa, הוֹשֵׁעַ), el primero de los doce profetas menores, nos llama a visionar en cada uno de estos signos, esa correspondencia con sus enseñanzas. Las mismas que desde el primer día de la creación, nos recuerdan que separó la luz de las tinieblas, origen de nuestras transformaciones sucesivas e incesantes; en pro de la vida. Movimientos universales fruto de la vibración de su palabra, que a través de estas letras nos llaman a reorientar Su energía hacia nuestra redención; al comienzo de todo, forjando nuestros dones, audacia e iniciativa para cambiar esa dirección pecaminosa y volver al cielo.

El Texto de Textos nos revela en Juan 8:58, “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”.

Oremos para todo nos manifieste que somos hijos del Creador

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