
Plan es… Ser luz
DIA 24.1. Tishrei 24, 5787 – 05.10.06
El 24 de Tishrei (que en el calendario gregoriano corresponderá al 5 de octubre de 2026) representa un umbral de transición espiritual extraordinario dentro de la cosmogonía hebrea y la mística de la Cábala: Isru Chag y la Rededicación. El 24 de Tishrei es inmediatamente posterior a la maratón de festividades del mes de Tishrei (Rosh Hashaná, Yom Kippur, Sukkot y Simjat Torá). En la tradición judía, este día se conoce como Isru Chag (“atar la fiesta”), (Nehemías 9:1-3): Históricamente, en el año 335 a.C., en el 24 de Tishrei, el pueblo que regresó del exilio con Esdras y Nehemías se reunió en ayuno y oración para renovar su pacto, estudiar la Torá y hacer compromisos concretos para su vida cotidiana.
Si las festividades previas representan la iluminación o el “descenso de la luz”, el 24 de Tishrei es el primer día hábil donde la espiritualidad debe ponerse a prueba en el plano físico (Mavet a Jaim, la vida ordinaria). No basta con recibir la revelación; hay que “atarla” a los hábitos diarios.
El lunes 5 de octubre de 2026 corresponde al 24 de Tishrei de 5787, inmediatamente después de Simjat Torá en la diáspora. Es un día particularmente interesante porque funciona como una especie de “puente” entre la experiencia espiritual de Tishrei y la vida cotidiana que vuelve a comenzar. El calendario de Jabad lo identifica además como Isru Jag, el día que “ata” o prolonga la festividad. Día en donde la lectura diaria vuelve a Bereshit/Génesis, comenzando con la creación, la luz, la separación y el orden: “Llevar la luz de la fiesta a la vida cotidiana”.
Y es que la verdadera experiencia espiritual no termina cuando termina la fiesta; comienza cuando somos capaces de llevar lo recibido a nuestra vida cotidiana. Tishrei ha recorrido un extraordinario itinerario: arrepentimiento, reconciliación, alegría, dependencia de Dios, fragilidad de la existencia, comunidad, Torá y finalmente Simjat Torá. Pero llega un momento en que hay que salir de la celebración. Y ahí aparece Isru Jag: “atar” la experiencia espiritual.
La expresión אִסְרוּ חַג — Isru Jag aparece vinculada al Salmo 118:27: אָסְרוּ־חַג בַּעֲבֹתִים – Isrú-jag ba’avotím. Literalmente puede entenderse como: “Atad la fiesta…” El Talmud, en Sukkah 45b, interpreta Isru Jag como añadir algo al día posterior a la festividad, incluso mediante comida y bebida festiva; lo relaciona simbólicamente con la idea de ofrecer algo a Dios. Aquí aparece una enseñanza preciosa: La espiritualidad necesita continuidad. No basta con experimentar algo durante una celebración. Hay que atarlo a la vida. Podríamos representarlo así: experiencia → integración → acción. Porque una experiencia espiritual que no modifica nuestra conducta termina convirtiéndose solamente en un recuerdo.
El 24: una lectura simbólica de דכ — Dalet + Kaf. Aquí debemos distinguir entre gematría tradicional y lectura meditativa. El número 24 puede representarse mediante: כ״ד — Kaf (20) + Dalet (4) = 24. No sería correcto afirmar que la tradición rabínica establece que “24 Tishrei significa exactamente esto”. Eso sería ir demasiado lejos. Pero podemos utilizar la gematría como una herramienta contemplativa. ד — Dalet = 4.
El cuatro puede asociarse simbólicamente con: estructura; dirección; mundo creado; cuatro dimensiones espaciales; estabilidad. כ — Kaf = 20. La Kaf tiene un simbolismo particularmente interesante porque su forma está asociada a la idea de palma de la mano. La mano puede representar: recibir → contener → transformar → entregar. Por eso, como meditación para este día: Lo que recibí durante Tishrei debe pasar de mi interior a mis manos. Es decir: lo que comprendí debe convertirse en conducta. Lo que recibí debe convertirse en servicio. Lo que celebré debe convertirse en responsabilidad.
En la mística hebrea, las letras son bloques de construcción de la realidad y cada número lleva una vibración: El valor de 24 (כ”ד – Maj/Caj): Representa los 24 libros del Tanaj (la Biblia hebrea) y las 24 adornadas prendas del Kohen Gadol (Gran Sacerdote). En la Cábala, el 24 está vinculado a los 24 juicios (Dinim) que se dulcifican cuando la misericordia divina (Jésed) impregna las acciones humanas. El número 24 nos invita a la integración y suficiencia (24 horas del día). Es la alineación perfecta entre lo espiritual y lo material, recordándonos que el crecimiento integral no requiere aislarse del mundo, sino santificar la rutina diaria.
El Zohar enseña en el capítulo 24 la unificación fundamental del nombre divino: integrar la misericordia (YHVH) con el juicio (Elohim). El Talmud aborda el 24 de Tishrei como el momento donde el escudo protector del creyente deja de ser un dogma externo y pasa a ser la convicción interna. El Zohar advierte que la fragmentación ocurre cuando vemos la rutina cotidiana como “separada” de lo divino. Este día nos impulsa a ver las pruebas cotidianas o las limitaciones (juicios) no como castigos, sino como vasijas para revelar mayor luz.
El calendario sitúa este día en la secuencia de Bereshit, después de Simjat Torá. Y Bereshit comienza: בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹהִים – Bereshit bará Elohim – “En el principio creó Dios…” Pero inmediatamente aparece una situación de desorden: תֹהוּ וָבֹהוּ, Tohu va-vohu, Y luego aparece: אוֹר, Or, “Luz”. Génesis 1:3 dice: יְהִי אוֹר וַיְהִי־אוֹר, Yehi or, vayehi-or, “Sea la luz, y fue la luz.” Esto produce una conexión maravillosa con nuestro recorrido por Tishrei: Tishrei comenzó con revisión interior.
Y termina llevándonos nuevamente al principio. ¿Por qué? Porque después de revisar nuestra vida necesitamos volver a preguntar: ¿Qué quiero crear a partir de ahora?
La primera acción creadora es separar. Hay algo extraordinariamente importante en Génesis 1. Dios no solamente crea la luz. También: “separó la luz de las tinieblas.” Esto puede convertirse en una práctica espiritual muy profunda para el 24 de Tishrei: Discernimiento. No todo lo que hay dentro de mí debe permanecer mezclado. Hay pensamientos que debo conservar. Otros debo abandonar. Hay relaciones que debo fortalecer. Otras necesitan límites. Hay deseos que debo desarrollar. Otros necesitan ser examinados. Hay voces que debo escuchar. Otras debo dejar de alimentar. Por eso una pregunta muy apropiada para ese día sería: ¿Qué necesito separar dentro de mí para poder ver con mayor claridad?
La luz escondida. Aquí aparece una conexión especialmente bella. El Zóhar sobre Bereshit desarrolla ampliamente la idea de la luz primordial de la creación. Presenta esa luz como una iluminación extraordinaria que posteriormente queda “oculta” o reservada, vinculándola con la percepción espiritual y con el justo. Esto permite hacer una lectura espiritual: No toda luz está inmediatamente disponible a los sentidos. Hay cosas que solamente podemos percibir después de un proceso de maduración. Esto coincide con algo que hemos venido trabajando en nuestros estudios: crecimiento integral ≠ acumular información. Crecer significa desarrollar la capacidad de percibir. Por eso el 24 de Tishrei podría ser un día para preguntarnos: ¿Qué luz recibí durante este último ciclo que todavía no he aprendido a utilizar?
Del “sentir” al “hacer”. Aquí podemos establecer una secuencia: Rosh Hashaná → escuchar / Yom Kippur → revisar / Sukkot → experimentar / Simjat Torá → celebrar / Isru Jag → integrar / Y esta última palabra es fundamental: אִסּוּר — unión / atadura. No solamente: “terminó la festividad”. Sino: “Ahora debo atar la experiencia espiritual a mi existencia cotidiana.” Es una excelente transición para el creyente.
Y esto puede articularse maravillosamente con Mateo 3. Juan el Bautista proclama: μετανοεῖτε — metanoeíte. “Arrepentíos / cambiad vuestra manera de pensar”. Pero inmediatamente aparece el desafío de producir fruto. Esto significa que el proceso espiritual no termina con reconocer algo. Hay que producir una transformación visible. Podríamos expresarlo: teshuvá → cambio interior → fruto exterior. Y esto coincide perfectamente con el espíritu de Isru Jag: La experiencia con Dios debe convertirse en una forma diferente de vivir.
El altar interior. La enseñanza de Sukkah 45b es particularmente potente. El Talmud llega a considerar que quien prolonga la festividad en Isru Jag mediante comida y bebida es considerado como si hubiera construido un altar y ofrecido un sacrificio. Para nuestra lectura espiritual contemporánea podemos hacer una analogía: ¿Dónde está hoy mi altar? No necesariamente en un lugar físico. Puede estar en: mi casa; mi trabajo; mi familia; mis conversaciones; mis decisiones; mi administración del dinero; mi manera de tratar a otros; mi utilización del tiempo. Entonces aparece una pregunta muy fuerte: ¿Estoy llevando a mi vida cotidiana lo que digo creer en mi vida espiritual?
Libra como símbolo, no como destino. Para el 5 de octubre, el Sol se encuentra en el período zodiacal asociado tradicionalmente con Libra. Aquí conviene hacer una distinción importante: la astrología puede utilizarse como lenguaje simbólico de reflexión, pero no como una determinación científica de nuestro destino ni de la voluntad de Dios. Tomada simbólicamente, Libra puede servirnos para meditar sobre: equilibrio, justicia, relaciones, reciprocidad, armonización y esto encaja muy bien con el mensaje de Isru Jag: Después de una experiencia espiritual intensa, hay que recuperar equilibrio para vivirla correctamente en el mundo cotidiano. No quedarse permanentemente en la montaña. Bajar de la montaña. Y vivir lo aprendido.
Jojmat HaMazalot. Tishrei es el mes de Libra (Moznayim – Las Balanzas), gobernado por la letra Lamed (que crea la balanza) y la letra Pei (que creó al planeta Venus). Libra busca el equilibrio, la justicia y la rectificación de los vínculos. En el 24 de Tishrei, habiendo salido de la introspección severa de Yom Kippur, entramos en la fase de manifestar equilibrio real. Es el momento cósmico idóneo para revisar nuestras relaciones interpersonales, la equidad en nuestras decisiones de negocio/trabajo y la armonía entre el cuidado del alma y el del cuerpo.
El número 24 y el sacerdocio. Existe además una asociación bíblica muy interesante que podemos utilizar como analogía. En 1 Crónicas 24, capítulo que precisamente estamos estudiando actualmente, David organiza a los sacerdotes en 24 turnos. Y aquí aparece una conexión preciosa con nuestro 24 de Tishrei. El número 24 aparece entonces relacionado con: orden → servicio → turnos → responsabilidad → comunidad. Esto nos permite formular una enseñanza: La espiritualidad no consiste únicamente en experimentar la presencia de Dios; también consiste en encontrar nuestro lugar dentro del servicio. El 24 de Tishrei podría preguntarnos: “¿Cuál es mi turno?” No en el sentido de esperar pasivamente. Sino: ¿Qué responsabilidad me corresponde asumir ahora?
Si reunimos las distintas capas de la reflexión: BERESHIT – Crear. OR – Iluminar. HIBDIL – separar / discernir. ISRU JAG – Atar / integrar. AVODÁ – Servir. Entonces aparece un camino espiritual completo: LUZ → DISCERNIMIENTO → INTEGRACIÓN → SERVICIO Y aquí encuentro una de las enseñanzas más importantes para nuestro crecimiento: No se trata solamente de recibir luz; se trata de aprender qué hacer con ella.
El 24 de Tishrei nos invita a hacer cinco ejercicios.
① Revisar. Preguntarme: ¿Qué aprendí durante Tishrei? No solamente qué estudié. Qué cambió realmente en mí.
② Separar. Identificar: un pensamiento que debo abandonar; un hábito que debo modificar; una relación que debo sanar; una actitud que necesito corregir.
③ Integrar. Elegir una enseñanza concreta de Tishrei que voy a incorporar a mi rutina.
④ Servir. Preguntarme: ¿A quién puedo beneficiar con aquello que Dios me permitió comprender?
⑤ Crear. Y aquí volvemos a Bereshit: ¿Qué voy a comenzar a crear a partir de hoy? Una relación. Un hábito. Una obra. Un servicio. Una reconciliación. Un proyecto. Una nueva manera de vivir.
“No permitas que la luz que recibiste durante la fiesta se convierta simplemente en un recuerdo; átala a tus decisiones, conviértela en discernimiento y finalmente entrégala al mundo mediante el servicio.” Y existe una hermosa correspondencia: Tishrei te enseñó a regresar.
Sukkot te enseñó a depender. Simjat Torá te enseñó a celebrar la Palabra. Isru Jag te enseña a llevar esa Palabra contigo. Y entonces volvemos a Bereshit: “Sea la luz.” Pero ahora la pregunta ya no es solamente: ¿Dónde está la luz? Sino: ¿Qué estoy haciendo yo con la luz que recibí?
Ese podría ser el eje espiritual del 24 de Tishrei de 5787 — lunes 5 de octubre de 2026. El calendario confirma que es el día posterior a Simjat Torá y que se considera Isru Jag; además, el estudio diario de ese día vuelve precisamente al comienzo de Génesis.
Una oración/reflexión para ese día podría ser:
Creador, después de haber atravesado este tiempo de retorno, alegría y aprendizaje, ayúdame a no dejar Tu enseñanza encerrada en mis momentos espirituales. Permíteme distinguir la luz de la oscuridad, ordenar lo que está desordenado dentro de mí y convertir lo que he comprendido en acciones concretas. Que aquello que recibí se transforme en servicio, que aquello que celebré se convierta en conducta y que la Palabra que escuché pueda comenzar nuevamente en mi vida. Que mi 24 de Tishrei sea el día en que ato la experiencia espiritual a la vida cotidiana. Amén.
Nuestro PLAN es…
Atar la visión a la acción (Mente y Voluntad): Tome una decisión o propósito espiritual formulado recientemente y cree un hábito concreto e inamovible en su agenda a partir de este día.
Dulcificar los juicios (Emociones): Practique la empatía y la misericordia. En la Cábala, el 24 enseña que la rigidez rompe la vasija; la flexibilidad basada en el amor la fortalece.
Restablecer el equilibrio (Espíritu y Cuerpo): Bajo la influencia de Libra, ordene sus finanzas, sus proyectos y su salud física. La verdadera espiritualidad cabalística se refleja en una vida ordenada y coherente en la Tierra.



