
Mi Kabbala – Jeshván 11, 5787 – Jueves 22 de octubre del 2026
¿Soy?
El Texto de Textos nos revela en II de Reyes 19:15, “Y oró Ezequías delante del Creador, diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres el Creador de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra”.
Yo Soy el que Soy (אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה, Ehyeh Asher Ehyeh): expresión que, al traducirla nos habla de un presente en el cual el Creador no se limita a un nombre particular ni a una característica específica. Verbo ser o existir que nos proyecta ese Ser auto existente; eterno, autosuficiente, autodirigido e inmutable, siempre presente. Frase que, nos indica la necesidad de dejar de percibir a Ehyeh como un ser oculto o misterioso y en cambio apreciarlo cercano, siendo la oración el canal que nos permite sabernos parte de Él, gracias a la guía del Espíritu Santo, quien nos lleva más allá de nuestro limitado y finito lenguaje.
Fruto de nuestras confusiones lingüísticas es que nos vemos incapaces de alcanzar un mayor entendimiento de Su deidad y de todo lo que significa para nuestras vidas, percibiéndole desde lógicas descontextualizadas, creadas por decodificaciones milenarias egocéntricas y sesgadas, donde en lugar de identificarnos con Él: nuestro “yo”, lo hacemos con alucinaciones externas, dándole otro significado a términos como nada (aní, אני). Palabra compuesta por la decimosexta letra hebrea, lo cual nos indica que nuestra mirada, sí nuestro ojo, debe enfocarse en Su luz y no, en esa oscuridad mental que sirve únicamente como reflejo para denotarnos que estamos de espaldas a Él.
Tenemos Su esencia, pero al fragmentarnos en Su contracción, olvidamos que somos hechos a Su imagen, que podemos recrearnos en Su obra, que este aquí y este ahora es Su presente eterno. Regalo en donde Él esta atento, esperandonos (qavah) para nos integrarnos de nuevo a Él (lejaqot, לְחַכּוֹת) coordinando nuestra voluntad en pro que ese yo egocéntrico individual, deje de dominarnos con su temporalidad, atándonos a ilusiones finitas y nos permitamos crecer hacia una nueva perspectiva de vida, articulándonos como fragmentos a través de esta Su obra, sabiéndonos parte del Yo Soy y ya no aparte de Él.
Habacuc (חֲבַקּוּק) de jabaq (“abrazar”) nos pide esperar a que nuestra higuera florezca a su tiempo, gracias a que obedecemos Sus mandatos, tal como nos lo denota la misma naturaleza que nos rodea. Debemos dejar de obsesionarnos con alucinaciones que con sus ruidos nos distraen de escucharle, de atenderle, reproduciendo imaginarios engañosos que nos impiden percibirnos como pequeñas partículas de un todo: del Yo Soy, visionándonos separados: “yo”, que nos incita a apropiarnos de unos imaginarios con los que creemos llenar nuestro vacío existencial, que realmente necesita es de Su luz.
El amor como vinculo juega entonces un rol preponderante para vincularnos con esa esencia que debe articularse inicialmente a este mundo terrenal, posteriormente con los demás, a quienes no vemos como hijos de nuestro Padre Celestial y finalmente, con Él, para que esta dimensión caótica de lo oculto no nos esclavice con sus alucinaciones, siendo el Espíritu Santo quien nos guía de tal modo que no sigamos desorientados por esas luces artificiales de neón que llegan a confundirse con los destellos de las chispas de luz de Su Palabra; causándonos confusiones (mevuja, מְבוּכָה).
El Texto de Textos nos revela en Mateo 11:25, “en aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños”.
Oremos para dejar de rendirle culto a lo oculto.



