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Mi Kabbala – Jeshván 15, 5787 – Lunes 26 de octubre del 2026

¿Cielo?

El Texto de Textos nos revela en Jonás 2:2, “y dijo: en mi angustia clamé al Creador, y Él me respondió. Desde el seno del Seól pedí auxilio, y tú escuchaste mi voz”.

El cielo (שָׁמַיִם, shamaim) que nos cubre nos revela que hay varias dimensiones. Capas que coexisten con nuestro escenario terrenal. Todo un movimiento sideral alterno al nuestro que incluso es más lento. Tiempo terrestre en el cual se reproducen nuestros imaginarios. Realidad que nos ofrece solo fragmentos de un todo, debido a nuestra interpretación sesgada de ese más allá, del cual solo especulamos, suponiendo además un infierno, un purgatorio, un Seol o Hades, que asimilamos como espacio de castigo, sin entender este como llamado de atención ya que Él solo anhela que vivamos armónicamente

Nuestro Señor Jesucristo, por ello, nos reiteró como creyentes a través de sus parábolas la regla de oro para interpretar las Escrituras: el amor. Vinculo que según el sabio Hilel, se presenta en siete fórmulas (del kal va-jómer). De menor a mayor. Guía para comportarnos, asumiendo que “como es abajo es arriba”. Teniendo nuestras múltiples circunstancias propósitos. Misión que se nos insinúa en cada versículo de la Biblia. Llamado a ser cada vez más justos, serviciales y fraternales, buscando vivir ligeros de equipaje (kal, קַל) en pro de esa trascendencia. Integrándonos aquí y ahora como próximos, acorde a esos Sus preceptos, los mismos que nos hablan de un cielo al que debemos retornar.

Al releer (Jomer, guélem, גלם) las Escrituras asumamos esos principios como mandatos de vida para replantear con esas bases todos esos escenarios de convivencia con más coherencia, logrando así que nuestras interacciones y relaciones nos acerquen más al Creador y a su amor, a través de esta Su obra, lo cual implica retroalimentarnos de Su palabra. Preceptos que nos cualifican como sus hijos, permitiéndonos entender las circunstancias adversas o negativas con un propósito divino de crecimiento. Desafíos que nos ayudan a minimizar ese ego dominante que nubla nuestras percepciones.

Coexistimos en varias dimensiones que se nutren de esa energía o luz divina que se materializa en nuestro plano terrenal. La misma que a su vez nos habla de otras esferas de vida, de su emanación, de una creación, de nuestro proceso formativo y de cómo este nos debe servir para ascender hacia ese paraíso (ēden, גַּן־עֵדֶן) al que pertenecemos y del que nos alejamos en pro de coordinar nuestro libre albedrio. Intenciones que deben permitirnos retornar, una vez superemos esas vivencias terrenales egoístas enmarcadas en el pecado. Mundo de la ficción donde nos relacionamos cual fragmentos dándole a nuestro lenguaje imaginarios y alucinaciones inconsecuentes a esa visión celestial.

José (יוֹסֵף Yōsef): “Él añadirá”, nos llama desde sus propias vivencias, plasmadas en la Biblia y descritas como sueños; a trabajar conscientemente para acceder en este presente eterno a ese lugar de descanso; a Su lado, aprovechando así los insumos reflexivos que ofrece este escenario temporal terrenal que moviliza nuestra voluntad. Y es que en vez de lamentar nuestros errores, debemos enmendarlos conforme a Su guía misericordiosa, la cual nos posibilita acceder a esas otras dimensiones a través de la fe. Proceso de arrepentimiento que nos lleva a acogernos a Su voluntad. 

El Texto de Textos nos revela en II de Juan 1:6, “y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio”.

Oremos para que en vez de purgar corrijamos en vida nuestros errores. 

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