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Mi Kabbala – Jeshván 16, 5787 – Martes 27 de octubre del 2026

¿Pecado?

El Texto de Textos nos revela en Levítico 24.22, “Un mismo estatuto tendréis para el extranjero, como para el natural; porque yo soy Jehová vuestro Creador”.

Al concepto de pecado le damos diversas interpretaciones; pero la Biblia nos habla de una separación temporal. Es por ello que debemos entender la revelación que nos hace la octava letra del alfabeto: Jet (ח), que nos habla de un “muro de defensa”, lo cual nos llama a trascender; a dejar de alimentarnos de los frutos del árbol del conocimiento, para que por fe, nos nutramos del árbol de la vida. Proceso que implica decisiones y actos conscientes bajo Su guía, vinculándonos a Su amor. Transformando así esa barrera ilusoria de nuestro ego que nos impide vislumbrar el cómo podemos integrarnos gracias a ese Su fluir.

La salvación, desde una perspectiva macro, nos invita a limpiarnos de ese pecado (לְהַחטִיא), yendo más allá de actos de contrición, hacia un arrepentimiento genuino fruto de esa fe en nuestro Señor Jesucristo, quien nos redimió y nos dejó como guía a Su Espíritu para poder vivir conforme a Su amor. Preceptos que orientan nuestra voluntad y nos permiten comprender Su sacrificio, reconociendo además todas nuestras transgresiones. Esas que nos apartaron de Él y que por Su misericordia, nos muestran el regalo divino que significa ser Sus hijos. Estado que nos llama a dejar de estar separados hasta de nosotros mismos.

La letra Jet nos aporta además conceptos como jatat (חַטָּאת), expresión que nos ratifica que nuestra expiación, aunque nos haya contaminado y afecte nuestras decisiones haciéndolas corruptas y erradas por no alinear nuestro libre albedrío a Sus propósitos; también nos indica la necesidad de un proceso de reconocimiento de cómo maniobrar esa voluntad al reconocerle como Padre Celestial, redentor, guía, quien nos proyecta a través de Sus mandatos un camino, para que no sean nuestras alucinaciones las que nos sigan desorientando y llevando a la desobediencia, obviando esa esperanza eterna que nos llama es a caminar hacia Su Luz, la misma que ilumina nuestras oscuridades terrenales.

No se trata por ende solo de buenas obras, sino sobre todo de fe en Él, asumiendo su rescate como salvador como la gran oportunidad de vivir, requisito indispensable para entendernos Hijos. Seres que no solo creen en Él sino que le creen a Él, quien se humanó para mostrarnos su plan de reconciliación. Ello debido a que no tenemos la capacidad de coordinar plenamente nuestra voluntad. Lo que significa que seguiríamos errando sin Él. Así que necesitamos un crecimiento integral a través de Su amor (ahava, אהבה); fluir que permite que sea Su voluntad la que guíe nuestro entendimiento y nos restaure.

Rebeca (Rivqah, רִבְקָה): “conexión”, nos muestra esa visión de integración a través de otra perspectiva distinta a la de la crucifixión, con el fin que comprendamos que el pecado nos separó, pero que tenemos la posibilidad voluntaria de retornar a nuestro estado original. Para ello, el mismo Espíritu Santo nos acompaña como guía, de modo que nuestras elucubraciones históricas no sigan distorsionando nuestra visión sesgada. Y ello es que lo que reconocemos como nuestra razón, la cual se afecta por nuestros desconocimientos necesitando Su sabiduría. Por ello, tenemos toda una vida terrenal plagada de diversas circunstancias, para que aprendamos y crezcamos hacia ese objetivo celestial.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 4:12, “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Oremos para poder entender que Jesucristo es nuestro salvador.

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