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Mi Parashá – Génesis 27:13

El versículo comienza con “וַתֹּאמֶר לוֹ אִמּוֹ” (Vatomer lo imo, “Y su madre le dijo”). El verbo “אמר” (amar, “decir”) en la cábala se asocia con el acto de manifestar intenciones y pensamientos en el plano físico. El uso del verbo aquí resalta la importancia de las palabras de Rebeca como un vehículo para comunicar no solo sus deseos, sino también la energía y la intención detrás de ellos. La figura materna, que representa a Rebeca, en este contexto está transmitiendo algo más allá de las palabras literales: está tomando una responsabilidad espiritual.

La frase “עָלַי קִלְלָתְךָ” (alai kil’latekha, “sobre mí sea tu maldición”) muestra a Rebeca asumiendo el peso de la responsabilidad. En la cábala, este acto de aceptar la carga de una posible maldición es visto como un sacrificio y un acto de amor profundo. Rebeca está dispuesta a asumir cualquier consecuencia negativa para proteger a Jacob y asegurarse de que se cumpla el propósito espiritual que ella ve para él. Este sacrificio representa la voluntad de superar las pruebas y obstáculos para alcanzar el propósito superior.

El término “שְׁמַע בְּקֹלִי” (shema be’koli, “escucha mi voz”) es un llamado a la obediencia. En la cábala, la palabra “שמע” (shema, “escucha”) implica no solo oír, sino asimilar y actuar de acuerdo con lo que se escucha. Rebeca le pide a Jacob que confíe en su juicio y siga su guía, a pesar del temor y la incertidumbre.

La palabra, tu maldición, קִלְלָתְךָ (kil’latekha), tienen un valor gemátrico de 559 (Qof=100, Lamed=30, Lamed=30, Tav=400, Khaf=20), relacionado con el concepto de “destino” y “carga espiritual”. En la cábala, una maldición no es solo una consecuencia negativa, sino una energía que afecta la dirección espiritual de una persona. El hecho de que Rebeca asuma esta maldición sugiere que ella está dispuesta a aceptar el cambio de energía y el destino que esto pueda conllevar.

La frase, hijo mio, בְּנִי (beni) tiene un valor gemátrico de 62 (Bet=2, Nun=50, Yod=10), que se relaciona con la palabra chesed (חסד, “bondad” o “misericordia”), indicando que la relación entre madre e hijo en este contexto está basada en el amor incondicional y la voluntad de proteger, incluso si eso implica asumir riesgos espirituales.

El concepto escucha, שְׁמַע (shema), tiene un valor gemátrico de 410 (Shin=300, Mem=40, Ayin=70), que se asocia con la palabra kadosh (קדוש, “sagrado”), sugiriendo que escuchar a la madre en este caso tiene un componente sagrado y espiritual. Rebeca no está dando una simple instrucción, sino que está transmitiendo una guía que está alineada con un propósito superior.

Este versículo muestra la profunda relación de confianza y amor entre madre e hijo. Rebeca está dispuesta a asumir el riesgo de una maldición para que Jacob reciba la bendición de su padre. Desde un punto de vista espiritual, esta disposición a sacrificarse por el bienestar de otro refleja la energía de chesed (misericordia) en su forma más elevada.

La instrucción de “escuchar” y “actuar” es clave en este versículo. La cábala enseña que escuchar no es solo un acto pasivo, sino que implica una responsabilidad activa de responder y actuar conforme a la verdad que se ha recibido. Rebeca sabe que su plan puede parecer arriesgado y moralmente ambiguo, pero está convencida de que es necesario para que Jacob cumpla su destino y propósito espiritual.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre los sacrificios que hacemos por nuestros seres queridos y cómo estos actos pueden tener un impacto espiritual significativo. También nos recuerda la importancia de escuchar y confiar en aquellos que nos guían, especialmente cuando lo hacen desde un lugar de amor y compromiso con nuestro crecimiento y desarrollo espiritual.

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