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Mi Kabbala – Adar 10, 5786, Viernes 27 de febrero del 2026.

¿Oracción?

El Texto de Textos nos revela en Zacarías 10:6, “Será como si nunca los hubiera rechazado, porque yo soy el Señor su Creador, y les responderé”.

Es la oración (פָּלַל, palál) la forma de acercarnos más al Creador, lo que no quiere decir que sea un acto aislado, más sí, que lo podemos y debemos realizar incluso mientras estamos haciendo nuestras actividades cotidianas, logrando con ello más que hablarle al Creador, para realizar una serie de peticiones e incluso quejas que desfiguran esa meditación; el alabarle y agradecerle, asumiendo este hábito como una forma de vincularnos íntimamente con Él a través de Su obra, reconociendo que al comunicarnos con Él encontramos la iluminación y guía que necesitamos.

No se trata de desdecir de aquellos que usan la oración o plegaria como un espacio para pedirle al Creador que supla sus necesidades, sin embargo, la Biblia es clara al recordarnos que antes que pensemos al respecto de algo, Él ya tiene claro lo que vamos a solicitarle. Así que en esa búsqueda de lograr una mayor unidad con Él para llenar ese vacío existencial que nos sofoca, asumamos la disciplina cotidiana de orar sin cesar por todo y por todos, agradeciéndole y alabándole (לְהַלֵּל, lehalel) permanentemente en señal de gratitud al sabernos parte de Él.

El pueblo Judío cuenta con el Sidur, como libro, el cual presenta una serie de oraciones para la mañana (שַחָר, shajar), la tarde (Minjá, מִנְחָה) y la noche (Maariv, מַעֲרִיב), lo que como creyentes nos enseña la importancia de orar sin cesar, apoyándonos ojala, más en el libro de los Salmos de nuestro Texto de Textos, en donde se nos enseña a alabar, a agradecer, a pedir perdón, reconociendo nuestros errores y acogiéndonos a Su misericordia, evitando repetirnos así en rezos que aunque pueden tener un sentido, no nos llevan a integrarnos plenamente con el Creador, fruto de un dialogo acogedor y sincero. 

Está claro que dicho reencuentro con nosotros mismos y luego con Él nos permitirá ascender, así sea en la orbe de nuestra imaginación, ya no desde una mirada egocéntrica que pretende solo obtengamos la satisfacción de nuestros deseos, sino que a través de esas plegarias el manifestar que nos acogemos a Su voluntad, a coexistir en armonía con nuestros próximos, esos que quizá podamos hacer felices también con nuestra escucha, palabras de apoyo o simplemente con acompañarles en esas circunstancias de crecimiento que como personas, nos incitan es a alabarle (יָדָה, yadá) por todo y todos.

Daniel (דָּנִיֵּאל) es ejemplo bíblico de cómo a través de nuestras plegarias podemos hacer que todo cambie: oracción, que nos lleva a enfocarnos en el Creador, generándonos espacios en donde nos satisfacemos de saber que Él suple todas nuestras necesidades diarias, algunas de las cuales incluso simplemente son superfluas. Se trata en todo caso de saber que cuando estamos conectados a Él a través de su Palabra y gracias a la oración y la guía del Espíritu Santo, todas las respuestas que en ocasiones le pedimos, se cubren de su claridad, ya que el ilumina nuestro entendimiento dándonos la respuesta permanente que nos ha prometido como hijos: el retorno a Su morada celestial. 

El Texto de Textos nos revela en Colosenses 1:10, “para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento del Creador”.

Oremos para que lo exterior y lo interior nos acerquen más con Él.

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