
Mi Kabbala – Av 13, 5786 – Lunes 27 de Julio del 2026
¿Original?
El Texto de Textos nos revela en II de Reyes 18:26, “entonces Eliaquim, hijo de Hilcías, Sebna y Joa dijeron al Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos, y no nos hables en la lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre la muralla”.
Al desconectarnos del Padre, nos alejamos de su presencia, quedando incomunicados, siendo necesario revisar nuestro lenguaje como escenario de reconversión, gracias a los destellos de Su palabra. Mensajes cifrados que nos permiten reconocernos a través de todo lo existente en este universo, como partes que somos de Él. y esas Chispas de Su luz nos transforman, conduciéndonos más allá de las sesgadas y confusas interpretaciones que con sus variantes nos proponen otros significados lingüísticos, los mismos que desde Babel (בָּלַל, balal, “confundir”, “mezclar”) solo nos distancian de Él.
La Palabra creadora parte del tetragrámaton, del que nace el hebreo original con Adán (אַלְפָּבֵּית, alef-bet). Más tarde, después de la caída, surgen lenguajes como el arameo antiguo, que hablaba Abrahán, una combinación inicial con el cananeo, que reprodujo el alfabeto protosinaítico, el mismo que generó las lenguas semíticas, dando origen, más adelante a los alfabetos cuneiformes de veintisiete consonantes o al corto de veintidós, del cual se deduce que posteriormente se dio el alfabeto fenicio y las lenguas protosemíticas, que a su vez, con sus cambios consonánticos, nos llevaron a nuestros diversos léxicos.
Combinación de esos signos originales que, llevados a estas letras (אות, ot) y nombres dados por Adán, reproducen unos imaginarios con los que nos identificamos. Proyectando, gracias a esas imágenes sonoras, unas realidades que siendo lingüísticas, reconocemos como vivencias. Sin embargo, al dejar de comunicarnos con el Creador, nuestros léxicos se vulgarizaron al igual que nuestras costumbres, promoviendo idiomas como el sumerio y su escritura cuneiforme, que nos llevaron de los jeroglíficos egipcios a nuestros descontextualizados lenguajes actuales, necesitando de Su palabra para reinterpretar Su voluntad y de nuevas expresiones (nekudot, נִקּוּד, nikud) para poder reintegrarnos.
Desde Moisés en el Monte Sinaí, intentamos transmitir Sus enseñanzas oralmente, esperando que un escriba (Ezra, עֶזְרָא), interprete esos signos lingüísticos que, cada vez por su diversidad, obvian la estructura original que, como señales, con sus mensajes, nos recuerdan nuestra esencia. Así es como esas vocales (cholam; חולם, cholam), shuruk (שורוק), o ḥirik (חִירִיק, ḥirik), hoy dan otra vibración a dichas letras: otiot (אוֹת, ot) y generan otros sonidos que con su semiótica dan otras representaciones a este mundo. Si nos comunicáramos con lo superior, atenderíamos sus llamados y buscaríamos nuestra reconexión con Él a través de su Palabra.
El lenguaje adámico (שְׂפַת אָדָם, Sefat Adam) nos llamará siempre a comunicarnos con el Creador, siendo esas raíces originales con sus combinaciones las que nos incitan a interrelaciones más sanas y fraternales, así como a unas vivencias que nos generen, con dicha inflexión, nuevos significados; unos que incluso le den a un mismo término esa esencia de la que sustancialmente nos separamos, debido a una oralidad que se alejó del verdadero significado de la vida y de los preceptos y mandatos del Creador.
El Texto de Textos nos revela en Hebreos 1:1, “El Creador, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.
Oremos para que cada letra que usemos para comunicarnos nos integre con Él.



