
Mi Kabbala – Av 26, 5786 – Sábado 8 de agosto del 2026
¿Esperanza?
El Texto de Textos nos revela en Jeremías 2:13, “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua”.
La esperanza (mikve, מִקְוֶה – de la raíz KVH, קוה), nos incita a tener paciencia, la misma que nos habla de la salvación, expresión que además nos incita a consolidar una serie de virtudes fruto de Su guía: Mikve Yisrael (Esperanza de Israel). Él es nuestra redención como iglesia, de allí que ese concepto hebreo mikve, que también significa charco de agua, nos reitera desde el Génesis de nuestra creación, que esas aguas (mikve – mayim) en que se movía Su Espíritu, arriba, al igual que nuestros mares abajo, separan nuestro mundo en pro que podamos ajustar nuestra voluntad con la esperanza de saberle presente.
No es gratuito que nos guste tanto el mar y disfrutar en sus playas, pero sobre todo que sea este líquido tan vital más que para refrescarnos, indispensable como alimento de vida, y en el cual se concentra tanto el hidrógeno como el oxígeno: hálito de vida del Creador (נִשְׁמַת חַיִּים, Nishmat Chayim). Elementos que le dan a nuestra existencia la posibilidad de ser. Fluir que además nos genera una motricidad. Insumos que adicionalmente nos limpian, denotándonos que solo Él puede quitarnos con su esencia nuestras impurezas al sumergirnos en Su ser. Proceso terrenal que nos permitirá nacer de nuevo.
El agua no solo es el recurso más abundante de la Tierra sino la base de toda vida, y en ella se encuentra el origen de todo lo que existe en nuestro planeta. Nuestros mares (ים – Yam), nos recuerdan además que tenemos un Dador y que Él es nuestro más preciado manantial; por lo tanto, Él es nuestra más grande esperanza. Perspectiva que también nos expresa la necesidad de ser pacientes durante el transcurso de esta vida, para lograr nuestro reencuentro con Él, bebiendo a cada instante de Su fuente de vida eterna, manantial que nos llama a sumergirnos completamente en Él.
Todos los tiempos por difíciles que nos parezcan, nos motivan a consolarnos en Él, con la certeza de que esa esperanza se soporta en sus promesas las cuales nos están aguardando. De allí que Él mismo nos garantiza la vida eterna, humanándose, proceso que nos recuerda que nuestro Señor Jesucristo fue expulsado de Nazaret y al llegar a un lugar de pescadores llamado Cafarnaún (כְּפַר נַחוּם, Kfar Nahum), que significa “aldea de consuelo”, empezó sus primeras sanaciones durante su corto ministerio público terrenal, denotándonos lo que es la esperanza de Su salvación, razón de peso para que pacientemente nos acojamos a sus mandatos y propósitos.
Mientras en este plano terrenal disfrutamos del agua para retroalimentar nuestros días, en el plano espiritual esos ríos de agua viva que nos ofrece nuestro Señor Jesucristo a través del Espíritu Santo, nos invitan a refrescarnos en sus manantiales amorosos de paz y armonía, alejándonos del cansancio y desanimo que producen nuestras complejas relaciones cotidianas, embebidas en pecados. Su fluir es nuestra esperanza para no desfallecer durante este paso terrenal que nos prepara para la eternidad (נֶצַח, Netzach) en donde podremos sumergirnos eternamente en Su Ser.
El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 22:17, “Y el que tenga sed, que venga; y el que quiera, que tome gratuitamente del agua de la vida”.
Oremos por el agua de vida que nos ofrece nuestro Señor Jesucristo.



