
Mi Kabbala – Av 8, 5785 – Sábado 2 de agosto del 2025
¿Caímos?
El Texto de Textos nos revela en Números 13:33, “También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos”.
Varios versículos de la Biblia nos reiteran que caímos y que, en ese espacio de contracción, se encuentran algunos ángeles, los nefilim (נְּפִלִים) o nephilim, plural que proviene de nafál (נָפַל), que significa “caer”. Desde ese concepto, algunos traductores aseguran que aquellos gigantes o titanes que habitaron la tierra de Canaán en tiempos de Enoc, quien también es considerado por algunos un ángel encarnado, nos advierten, como mensajeros, de los efectos de la desviación de nuestra voluntad, lo cual redundó en el diluvio universal y que como llamado implica seguir los mandatos del Creador en vez de intentar ser Él.
La rebeldía (meri – מֶרִי), que hoy se califica como demoniaca, hace que la maldad en este mundo aflore y que vaguemos por este plano sin un verdadero sentido, ya que obviamos la importancia de ser guiados por el único a quien debemos entregar nuestra voluntad. En medio de dicha oscuridad, nacen desafortunadamente más confusiones para aquellos que aman las especulaciones, como es el caso de algunos ufólogos, relacionan estos textos con visitas de extraterrestres y le dan al término Nephila de los arameos, una relación con la constelación de Orión, de donde suponen llegaron estos seres.
Interpretaciones amañadas que nos reiteran que simplemente seguimos enfocados en desobedecer y que aunque nos reconozcamos como hijos del Creador, Bnei HaElohim (בני האלוהים), nombre bíblico que también se refiere a los ángeles, esta característica no nos hace más que nadie y menos que los ángeles, quienes no cuentan con el libre albedrio como nosotros, pero que si pudieron tomar mujeres humanas como esposas para tener relaciones ilícitas con ellas, unión impía que le dio a estos nefilim (gigantes) y sus descendiente capacidades y fortalezas sobrehumanas, que no sirven de nada cuando nuestra existencia esta separada de Èl.
Son interpretaciones y lecturas amañadas es cierto, pero esta claro que nuestro mundo está plagado de seres que aún quieren disfrazarse de ángeles, en su interior están llenos de corrupción, bajos deseos, violencia y toda una serie de propuestas producto de una desobediencia que ha inundado históricamente la Tierra y que, pese al diluvio universal, continúa reproduciéndose en nuestro ADN (DNA – דנ”א), lo que hace que esta historia nos incite a reprogramar nuestras coexistencias a través de ese amor celestial.
Nos debe quedar claro, como creyentes, la necesidad de ser guiados por el Espíritu Santo a través de la oración, ya que es la única forma de preservar una simiente que, como la nuestra, está rodeada de gigantescos actos de desobediencia, esos que nos corrompen a diario a nosotros y a los mismos ángeles, al punto que nos mantienen atados a este mundo de ficción (bidyon – בִּדְיוֹן), lo que implica atender más los mensajes de nuestro Texto Sagrado, que en su letra más simple nos invita simplemente a ser útiles a la obra.
El Texto de Textos nos revela en Romanos 3:21, “pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia del Creador, de la que dan testimonio la ley y los profetas. 22 Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, 23 pues todos han pecado y están privados de la gloria del Creador”.
Oremos para que hasta los ángeles caídos cumplan el propósito de acercarnos.



