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Mi Kabbala – Elul 1, 5785 – Lunes 25 de agosto del 2025

¿Calendario?

El Texto de Textos nos revela en Éxodo 14:14, “Quédense tranquilos, que el Señor peleará por ustedes”.

El último mes del año hebreo, Elul (אֱלוּל) debe servirnos, como creyentes, para revisar todas las oportunidades que se nos han brindado a lo largo de los días transcurridos en nuestras vidas, las mismas que nos aportan enseñanzas que iluminan nuestro entendimiento y nos permiten vislumbrar el cómo reencontrarnos con el Creador, instantes que, incluso pasan desapercibidos pero que, contienen la misericordia del Creador hacia nosotros; razón de peso para comprender que cada momento debe ser aprovechado y valorado, ya que, aunque estas oportunidades sean muchas, se acabarán.

El Shavuot (שבועות), es una de las tres festividades de peregrinación bíblica, conocida como Pentecostés en el Nuevo Testamento, y que marca el fin del conteo de siete semanas entre la Pascua y esta conmemoración, a través de la cual nuestro Señor Jesucristo nos lleva a recordar el día en que el cielo se abrió y el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos, fecha que coincide con aquella en que se entregó la Torá a Moisés, lo que nos indica que Él vino a rescatarnos y está a nuestros pies, tal como se reveló en el monte Sinaí, tiempos de Siván que nos motivan a asumir sus mandatos, siendo ese amor el fluir para denotarle que le obedecemos entregándole nuestras vidas.

Entender que la Palabra del Creador requiere del Espíritu Santo para su mejor comprensión es asumir que Shavuot, para los creyentes, es una invitación a vislumbrar el cielo abriéndose, gracias a que Él nos reivindicó como un solo pueblo para lo cual además es necesario que nos dejemos guiar de retorno, aprovechando eso sí, este pequeño paréntesis temporal terrenal a través del cual se nos llama a acogernos por fe a su salvación, aceptándole  como Mesías, quien nos servirá de abogado (עוֹרֵך דִּין, Orekh Din) desde ahora y antes de que llegue ese juicio final, donde afortunadamente para nosotros, Él se revestirá como nuestro redentor.  

Quienes no aprovechan la guía del Espíritu Santo y apuestan por más y nuevos ritos, obvian que, al igual que nos lo demostró nuestro patriarca Abraham o el mismo David, quien plasmó en los Salmos y Textos Sagrados esa fe para acogernos a su verdadero amor, quizá se dejan llevar más por búsquedas egoístas que, históricamente nos han impedido atender al Creador, a quien las naciones deberían exaltar, así como toda la Tierra enaltecer, contradictoriamente obviamos su llamado e incluso dejamos de irradiar Su luz en ese nuestro núcleo familiar, razón de peso para que hasta nuestra esencia se desdibuja y terminemos alejados, sueltos (harpú, הַרְפּוּ), idos.

Es nuestra obligación desapegarnos (hitnakrut, הִתְנַכְּרוּת) de lo material de este mundo, siendo esa fe activa la que nos permite asumir que es nuestro Creador quien realmente controla cada situación de nuestras vidas. Por lo tanto, alejarnos un poco de esas costumbres que disfrazamos de festividades religiosas nos permitirá ver que estamos llamados a ir más allá, incluso haciendo un alto en nuestras actividades, al menos cada siete días, para aceptar el llamado que nos hace nuestro Padre Celestial y dejar que Él guíe nuestras vidas, permitiéndonos vivir conforme a su guía a través de su Santo Espíritu.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 1:8, “Pero, cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra”.

Oremos para que el Espíritu Santo guie nuestras coexistencias.

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