Back

Mi Kabbala – Elul 18, 5785 – Jueves 11 de septiembre del 2025

¿Códigos?

El Texto de Textos nos revela en Amós 3:7, “Ciertamente el Señor Creador no hace nada sin revelar su secreto a sus siervos los profetas”.

Nuestro lenguaje es una decodificación de signos y símbolos lingüísticos que, con sus intercambios lumínicos, nos proporcionan conocimientos e imaginarios que, fruto de esos códigos semiológicos, convierten esa narración divina en pensamientos, un lenguaje con el que nos identificamos y relacionamos y que, como resultado de dichos intercambios de información, consolida lo que reconocemos como realidad; vivencias, que reproducimos y que representan, en sus diferentes combinaciones, lo que suponemos son nuestras vidas, las mismas que dependen de Su orientación sin la cual nada tiene sentido (משמעות, mashma’ut), de allí la importancia de guiarnos por la Tora: Su manual de vida.

Atender la Palabra creadora nos lleva a proyectarnos dentro de esa otra realidad (מְצִיאוּת, metziut) de la cual solo percibimos fragmentos, debido a que coexistimos confundidos, apegados a nuestras alucinaciones terrenales, que traducimos como experiencias y acumulamos en nuestra oscura memoria, incomunicándonos de Él. Necesitamos de su guía a través del Espíritu Santo para reorientarnos, alejándonos del modelo a través del cual nuestras coexistencias pierden su verdadero sentido trascendente, que es lo que posibilita que nuestras realidades sean transformadas gracias a la Luz de Su Palabra.

Códigos y simbologías plasmados no solo en ese manual de vida, sino también en nuestro propio ADN, los cuales reconocemos desde nuestra conciencia (מַצְפּוּן, matzpun), la cual nos incita a mantenernos en comunión con Él. Sin embargo, en nuestra obstinación, preferimos seguir malinterpretando no solo el significado de sus preceptos y mandatos, sino también sus mismas Palabras, que con su Luz recodifican nuestros idiomas, llevándonos a una confusión mental que predomina desde Babel y que simplemente le da a nuestras interrelaciones una desarmonía e incoherencia semiótica de la que poco nos ocupamos.

Las cuatro letras del tetragrámaton se decodifican en 22 senderos que fundamentan esa narración que Él grabó, talló, permutó, pesó, transformó y dibujó en todo lo creado. Desde alef (אמת, verdad) hasta bet (ב, casa), se nos entregan en nuestros abecedarios un mapa mental que producto de la vibración de Su palabra hace que todo fluya, movimientos que le dan vida a lo creado y que por lo tanto, logran que emane en nosotros su ser al recrearnos en So obra, reproduciendo un universo que percibimos como fragmentado para que lo unamos y con Èl reescribamos el libro de nuestras vidas (Séfer Yetzirah, ספר יצירה).

Séfer (סֵפֶר), “libro” y Yetzirah (יְצִירָה) o yatzar (יָצַר), “formar” o “crear”, que nos explica que son las combinaciones de las veintidós letras del alfabeto hebreo con las que Èl creò todo y sus emanaciones, sefirot, son las que constituyen la estructura básica de nuestra realidad, vibración que genera Luz o energía con la cual interactuamos a través de un proceso que involucra tanto lo espiritual como lo físico, y en el que cada aspecto del universo está conectado a esa narración divina, la misma que nos otorga a través de su sabiduría el alimento y aliento, conocimientos, para que voluntariamente podamos acceder a nuestra transformación que, siendo espiritual, se inicia con esas interacciones lingüísticas.

El Texto de Textos nos revela en Juan 5:39, “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.

Oremos para que el espíritu santo nos revele los misterios de la Palabra.

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *