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Mi Kabbala – Iyar 21, 5785 – Lunes 19 de mayo del 2025

¿Traducciones?

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 18:10, “No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, 11 ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos”.

Se dice que la Biblia ha sido traducida a más de 670 idiomas y a un alto número de dialectos, lo que para algunos Judíos ortodoxos es catastrófico, debido a que ellos consideran que en cada traducción se pierde algo del significado original. Desde esa mirada se supone que quienes hacen esta labor deben enfocarse en buscar unos términos que se ajusten entre otras cosas, a las interpretaciones de dichos lectores, como a sus contextos, desapegándose quizá en ocasiones de la versión original hecha en un Hebreo del que incluso hoy ya existen diversas variantes, es por ello que los creyentes necesitamos del Espíritu Santo para poder compenetrarnos con esa profundidad (עֹ֫מֶק, omep) de Su palabra.

Hay expresiones que significan igual con el tiempo como amén (אָמֵן), aleluya (הַלְלוּיָהּ) o Sábado (שַׁבָּת), pese al cambio de idioma sin embargo, ese Hebreo original se ha perdido: Yehudit, judaíta, del idioma de la tribu de Judá, pueblo pequeño, que poco a poco fue acorralado y dispersado, por lo tanto, cada nueva traducción luego de la oralidad puede significar para algunos algo, mientras que para los otros incluso cosas diferentes, un ejemplo es la palabra Sheol (שאול) que viene de la raíz ŠAL (שאל) y que significa preguntar, visión que llevó a algunos creyentes a invocar a los muertos o llamarles a través de brujerías, nigromancia y hechicerías, aun cuando ello está prohibido en la Biblia. 

Hay traducciones que incluso hablan del cielo o del infierno como si fuera ese Sheol, espacio a donde se supone todos iremos después de morir, visionando este como una especie de submundo. Y como en los textos Bíblicos se describe como un lugar desagradable y miserable, quizá debajo de este mundo, algunas de esas interpretaciones lo relacionan también con el purgatorio, en donde esperaríamos el juicio, mientras que otras perspectivas nos proyectan diversos cielos (שְׁמַיָּא, shamáyin) o entornos en donde nos espera nuestro Señor Jesucristo para guiarnos de regreso a los brazos de nuestro Padre.

Es necesario por ello al leer la Biblia tener la intersección del Espíritu Santo quien en oración debe ser nuestro traductor, para permitirnos incluso releer algunos nombres o palabras originales y poder encontrar en esas expresiones ese otro significado, el original, como por ejemplo el termino Ivrit (עבְרִית), que proviene de la palabra ivri (עבְרִי) y que nos induce a atravesar, sí a revisar esos orígenes extranjeros de los israelitas, que vienen del otro lado del río y así llegar a la misma vida de Abraham, padre de la fe para con él cruzar el río del pecado poder establecernos en la tierra prometida al lado de nuestro Creador.

Abel (הבל) nos llama a ese cielo y a alejarnos del Seol, trabajando en nuestro diario Tikum o perfeccionamiento, manteniendo nuestras manos dispuestas a servirle al Creador, gracias a que al leer cada versículo Bíblico entendemos que allí se nos invita es a amar, vinculo perfecto que se debe convertir en nuestro mayor propósito, ya que al amarnos los unos a los otros le aportamos a este mundo, fluyendo con nuestro Creador, para así cohabitar como hermanos, sin importar incluso las diferencias del lenguaje en que nos expresemos.  

El Texto de Textos nos revela en Hechos 4:12, “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Oremos para que sea el lenguaje del amor el que nos guie como especie.

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