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Mi Kabbala – Jeshván 1, 5786 – Jueves 23 de octubre del 2025

¿Lluvia?

El Texto de Textos nos revela en Génesis 9:11, “Yo establezco mi pacto con vosotros, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra”.

La lluvia (גֶּשֶׁם, geshem) no es solo un fenómeno natural, ella con sus ciclos nos demuestra esa piedad y misericordia divina que tanto necesitamos y que como deseo de nuestro Creador nos invita además a renovarnos, a refrescarnos pero sobre todo a limpiarnos de las impurezas del pecado, proceso de purificación en donde es indispensable Su Espíritu para que tantas inconsecuencias producto de vivir alejados de Èl no sigan sofocándonos, prolongando y magnificando este desierto terrenal que con sus veranos solo nos reclama que nos bañemos en Su “agua de vida, la misma que simboliza nuestro Salvador Jesucristo y que nos incita a integrarnos y a amarnos.

El mes de Jeshván (חֶשְׁוָן), llamado también Marjeshván (מַרְחֶשְׁוָן), es el segundo del calendario moderno y el octavo si se toma en cuenta el antiguo calendario que comienza en Nisán y en el se conmemora las bondades de nuestro Creador a través de nuestra tierra fértil (bul) con sus frutos y productos, como también se agradece por la multiplicación del ganado y la renovación de la vida, proceso que depende plenamente de Él, quien hace que todo florezca (Iebul), eso sí nosotros debemos aportar trabajando la tierra, arándola y sembrándola para poder recibir confiando en que Él, a través de la lluvia, de Su aliento, haga que dichos ciclos naturales complemente todo.

Obviamos todo lo que Él nos otorga y más las enseñanzas que a través de nuestro día a día nos revela, pero más que es Su palabra la que nos nutre, nos dan salud, en fin, que es Él quien nos entregó un planeta como hogar para que coordináramos mejor nuestra voluntad evitando convertir nuestro pecado en caos, ya que la misma naturaleza a través de diluvios (mabul, de la raíz bul, למבול) por ejemplo, nos recordará  que no son castigos sino motivaciones para renovarnos y alejarnos de esa corrupción, quizá por eso Ezequiel (יְחֶזְקֵאל‎) nos llama a no temer, sino simplemente confiar en el Creador como proveedor.

Desde nuestro desierto espiritual animales como el escorpión (Jeshván), nos revelan que sin Él, sin Su rocío (tal, טל) y sin las lluvias, tendríamos como esa especie que vivir sedientos, picando con nuestro veneno a otros, quizá por ello necesitamos vislumbrar Su pacto, arco iris que nos llama a acogernos a Su voluntad y retomar el camino de la purificación diaria con Su agua de vida eterna, antes de que lleguen los días de fuego, en los que sus destellos generarán juicio y ya no podremos saciarnos de Su Espíritu, que representa a través de esa gotas de lluvia, las porciones que necesitamos para estar plenos.

Su Rocío y lluvia (matar, מטר) nos proyectan esos aspectos opuestos de la energía divina, nos hablan de ese esfuerzo que debemos colocar hacia una meta, siendo el rocío, esa cualidad de la anulación propia que la equilibra, aspectos fundamentales de la vida, que no solo permiten que las plantas crezcan y que todo florezca, sino que nos permite renovarnos, proceso interior que obviamos en muchas ocasiones al olvidar que nuestros ancestros necesitaron de cuencos, jarras o recipientes, para tomar agua, insumos que como nuestro propio cuerpo simbolizar esa necesidad de expandir aún más Su Luz.

El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 3:20, “quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia del Creador esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas por medio del agua”.

Oremos para que nuestras vidas sean lluvias de bendiciones.

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