
Mi Kabbala – Jeshván 12, 5786 – Lunes 4 de noviembre del 2025
¿Hermanos?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 16:11, “Además le dijo el ángel del Creador: he aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque el Creador ha oído tu aflicción. 12 Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará”.
La palabra hermano (aj, אח) desde Caín y Abel, nos da la idea de sabernos parte de la esencia, sin embargo, al matar a Abel la muerte se tomó nuestras manos y pasó a ser parte de nuestras realidades terrenales, llamándonos la atención al respecto de la corta oportunidad que significa el presente en este mundo y a la vez los efectos de nuestras intenciones y decisiones que al no alinearse con la voluntad divina, como descendientes de Caín nos llenan de desgracias, irradiando sentimientos adversos y resentimientos en nuestros entornos de vida.
Desde aquel entonces nuestra historia mantiene esa alerta sobre los efectos de el pecado que desde Adam (אדמה) nos incita a la obediencia pero a la vez a buscar del Creador reconociéndole como nuestro hacedor, nuestro guía y aunque vivimos confundidos en nuestras expresiones alucinantes cargadas de egoísmos, lo cierto es que somos coherederos de esta Su obra, seres llamados a amarnos, hijos que se reconocen como parte de un todo y que aunque han dejado de percibirse como fragmentos que se complementan, van tomando conciencia de la necesidad de vernos por fe desde esa nuestra esencia original la misma que se manifiesta como promesa.
Nuestros padres consanguíneos (דַּם, dam) y primigenios, nos dejaron ese fundamento en nuestro ADN, y aunque el pecado mora en nuestros cuerpos esclavizándonos a la oscuridad de nuestras ilusiones, ni el asesinato ni la muerte son nuestro destino, por el contrario, Él mismo, al humanarse, nos trazó ese camino de retorno, por ende, aunque a menudo preferimos multiplicar dolores y prolongar sufrimientos, con el transcurrir de nuestras vidas vamos viéndonos como hermanos que retornarán al Edén, espacio de alivio de nuestras angustias esas que nos mantenían separados de nuestro Padre Celestial.
Ismael (ישמעאל) y luego Isaac (יצחק), nos llaman a reconciliarnos luego de esas divisionesque vistas como razas, fronteras y creencias, parecen separarnos, pero que simplemente ratifican que no coexistimos en dimensiones espirituales opuestas, sino que son solo percepciones, quizá por ello hay quienes hablan de cuatro tipos diferentes de luz, intentando hacer una analogía con las cuatro estaciones o fases lunares, ciclos naturales que claman porque dejemos nuestras indiferencias, aportándonos y complementándonos, en lugar de perpetuar los conflictos.
Los creyentes debemos entender, al releer los textos bíblicos que en la segunda venida de nuestro hermano mayor: nuestro Señor Jesucristo, ya no llegará montado en un pollino, como símbolo de dominio sobre todo pueblo y especie, especialmente sobre los hijos de Ismael, sino como el único Rey y aunque algunos tampoco lo aceptarán como deidad, fruto de su desconocimiento e ignorancia, viendo solo reflejos de sus propias oscuridades mentales, todos dejaremos de percibirle como alguien extraño (מְשֻׁנֶּה, meshune).
El Texto de Textos nos revela en Mateo 21:1, “cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, 2 diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. 3 Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará”.
Oremos para que en vez de restarnos o dividirnos prefiramos sumarnos.



