Back

Mi Kabbala – Jeshván 25, 5786 – Domingo 16 de noviembre del 2025

¿Arrebatamiento?

El Texto de Textos nos revela en Daniel 2:44, “Y en los días de estos reyes el Creador del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”.

Su verdad (emet, אמת) es luz que guía de allí que deberíamos interpretar esos mensajes que nos otorga Su palabra desde sus significados  y no extrayendo de ellos, nuestras sesgadas conveniencias, enfoque que nos aleja de Él, producto de esas especulaciones egoístas y mundanas que reproducen en nuestras mentes confusiones que disfrazadas de creencias, le dan incluso a las profecías una visión terrenal que desdibuja incluso la labor del Espíritu Santo en pro de orientarnos para que nuestras búsquedas personales tengan como objetivo el obedecer los mandatos del Creador y no nuestros deseos egocéntricos en donde prevalecen las agresiones y conflictos.

La misma ciencia ratifica algunas analogías y tesis bíblicas, pero nuestras odiosas comparaciones no logran ajustarse a lo allí preceptuado y por el contrario no logramos comprender esos postulados eternos que como insumos de crecimiento integral trascendente nos hablan de un modelo de vida en donde prima el amor, vinculo que le da a nuestras existencias otro valor, lo que implica más que reclamarle al Padre Celestial por nuestras expectativas, clamarle por nuestro arrebatamiento (laḥṭof, לחטוף) llamado para no ser parte de este mundo egoísta que solo nos aleja de Sus preceptos y guía.

Enoc (אנוך, Ĥanokh), nos pide “dedicarnos” a Él, y es que él siendo uno de los hijos de Jared, quien vivió 365 años, nos muestra esa necesidad de tener una íntima comunión con el Creador la cual garantiza, más que la ausencia de la muerte o nuestro rapto, la certeza de volver a Su lado, perspectiva que nos incita a ser personas rectas que viven conforme a la voluntad del Eterno, orando, leyendo y atendiendo Su palabra, la cual nos conduce a esa resurrección en la cual nos reuniremos con Él, abandonando nuestros cuerpos corruptibles para renacer a la realidad que nos corresponde.

Se trata de asimilar su verdad en vez de suponernos elegidos o especiales, tendiendo a descalificar a quienes no consideramos merecedores de tal privilegio y es que esta nos enseña que no hay otro camino hacia ese encuentro con Él, más allá de la fe en nuestro Señor Jesucristo, Árbol de Vida (etz ḥayyim, עֵץ חַיִּים) quien nos preseleccionó por gracia, por creer en Él, nutriéndonos así de sus amorosos frutos, lo cual significa actuar correctamente, convirtiéndonos en seres de luz que se acogen a Su llamado.

El profeta Elías (אליהו, Eliyahu), igualmente nos exhorta a revisar nuestros comportamientos diarios teniendo como guía esos mandatos divinos, los cuales nos llevan a evitar la injusticia, la insatisfacción, la queja, la ansiedad, el desánimo, la pereza, lo mundano y la vanidad, llamado a permanecer firmes, sin fluctuar en un mundo complejo que pierde la orientación por andar detrás de ilusiones engañosas que distorsionan lo correcto, lo bueno y lo verdadero de la vida, por ende hay que seguir solo sus señales certeras, las de Su palabra, las mismas que implican tomar nuestra cruz a diario.

El Texto de Textos nos revela en I de Tesalonicenses 4:16, “porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta del Creador, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.

Oremos para estar preparados para el reencuentro con nuestro Creador. 

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *