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Mi Parashá – Génesis 17:4

El pacto divino (בְּרִית, berit) reafirma ese vínculo sagrado que es más que un acuerdo, el cual conecta al ser humano con lo divino. Aquí, el Creador está estableciendo una relación eterna con Abram, en la cual este será el receptor de bendiciones, y su descendencia se multiplicará y formará muchas naciones. Este pacto no solo tiene implicaciones físicas, sino también espirituales, al señalar la misión de Abram de ser una fuente de bendición y de transmitir la luz divina al mundo.

El ser “padre de una multitud de naciones” (אַב־הֲ֖מוֹן גּוֹיִֽם, av hamon goyim) revela el destino de Abram de ser un líder espiritual y físico de muchas naciones. La expresión “goyim” simboliza diferentes aspectos de la humanidad y el potencial de unirlas bajo una fuente espiritual común. Esto representa el papel de Abram en la historia humana, no solo como el padre de Israel, sino como una figura que influiría en la historia espiritual de muchas naciones a lo largo de los siglos.

El cambio de nombre está implícito, ya que “Abraham, padre de muchas naciones” indica que está en proceso de recibir ese nuevo nombre. Este cambio representa la esencia y el destino de Abraham, así como la expansión espiritual de la humanidad en alineación con el propósito divino.

Este es el cuarto versículo del capítulo, y el número 4 está asociado con la estabilidad y la estructura en la cábala. El número 4 se relaciona con las cuatro direcciones del mundo (norte, sur, este y oeste), lo que puede simbolizar la expansión de Abram hacia todas las naciones. La gematría del número 4 también está vinculada con las cuatro letras del nombre divino (Yod-He-Vav-He, י-ה-ו-ה), lo que sugiere que el pacto que el Creador está haciendo con Abram tiene implicaciones universales y está sostenido por la estructura divina del mundo.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre el concepto de berit o pacto con lo divino. En la cábala, todos los seres humanos tienen la oportunidad de establecer su propio pacto con el Creador, un compromiso espiritual que les permite crecer y expandirse tanto física como espiritualmente. Ser “padre de muchas naciones” es un recordatorio de que nuestro impacto espiritual puede trascender nuestras propias limitaciones y llegar a muchas personas o aspectos de la vida.

El versículo también nos enseña la importancia del propósito en la vida. Así como Abram fue llamado a ser una fuente de bendición para muchas naciones, cada uno de nosotros tiene un papel y un propósito en la creación. Al alinearnos con nuestro pacto espiritual, podemos cumplir con nuestro propósito y traer luz a nuestro entorno. Esto nos invita a reflexionar sobre nuestra conexión con lo divino y sobre cómo podemos, al igual que Abram, influir positivamente en el mundo a través de nuestras acciones y nuestra misión espiritual.

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