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Mi Kabbala – Jeshván 26, 5786 – Lunes 17 de noviembre del 2025

¿Temor?

El Texto de Textos nos revela en Amós 3:3, “¿andan dos hombres juntos si no se han puesto de acuerdo?”

Los estudiosos del Árbol Sefirótico nos recuerdan que debemos superar la incertidumbre y la inseguridad que, vestidas de miedo, obstruyen nuestro entendimiento y, sobre todo, nuestra confianza en el Creador, es por ello que a través de la oración debemos buscar Su emanación (Olam Atsiluth, עוֹלָם אֲצִילוּת), dimensión que como instinto, confronta ese mundo emocional angustiante y oscuro, llenándolo de Su luz para que nuestra alma alcance mayor claridad, permitiéndonos así superar los diarios desafíos interiores y con la fuerza que nos da Él cogobernar ese universo racional que con sus ideas egoístas, controla buena parte de nuestras búsquedas y vivencias diarias.

El miedo, como instinto inconsciente, contiene temor (yare), que es diferente al terror ya que este debe hacernos conscientes de la necesidad de acercarnos reverencialmente (yirah, יראה) al Creador, transitando con cautela el día a día gracias a Su guía, ya que esta dimensión en la que divagamos casi a oscuras, nos inunda de incertidumbres en pro que busquemos confiar solo en Él dándole a nuestros neurotransmisores otros impulsos o alertas, que nos permitan abandonar programaciones milenarias equivocadas e inconscientes, ajustándonos así a los preceptos y mandatos divinos que nos guían de tal forma que todos esos temores infundados desaparecen.

La confianza (בָּטַח, bátaj) en Él nos llama, reconociéndonos como parte de Su todo, valorando así cada partícula que se nos articula a través de nuestros pequeños actos, esos que nos afectan y generan miedo, más no temor o terror al Creador, ya que Él es amor, quien debe guiar nuestra voluntad, quien a través de Sus mandatos nos proyecta un manual de vida, luz para que esos mensajes iluminen nuestro entendimiento y muevan nuestro ser en pro de evitar actuar en Su contra, de lo contrario, ese miedo instintivo se prolongará y magnificará, llenándonos de adversidades y obstáculos.

Probablemente por ello la expresión Ka’ac (כָּ֫עַס) se refiere al miedo y la ira, una elección fundamental que tomamos al cerrar los ojos a las oportunidades que Él nos brinda a cada instante, viviendo de las consecuencias de una realidad terrenal agreste a la que tememos, fruto de intentar coordinar nuestras circunstancias desde nuestros libertinajes con sus ignorancias y desinformaciones y no desde Sus preceptos y mandatos los cuales nos llaman a ser más pacientes, hogareños y sabios, enfrentando así esos miedos milenarios que nos desafían y que simplemente necesitan de que confiemos más en Él.

La Biblia presenta el miedo de Manoá (מָנ֫וֹחַ, Manoaḥ) y su esposa, incluso ante la aparición del Creador, no desde una perspectiva de temor a Él sino de reverencia, lo que nos llama a releer este relato para entender que la llegada de su hijo Sansón seria fruto de este acto de entrega, por ello allí se nos habla a vislumbrar todos los aportes que Él nos hace para nuestro bien, los cuales nos estimulan a confiar en Él y en Sus mandatos, perspectiva que nos invita además a entregarle nuestra voluntad, a tomar mejores decisiones logrando que ellas sean acordes a su guía y no a un nefasto libertinaje que nos aterroriza.

El Texto de Textos nos revela en Juan 8:31, “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Oremos para que cada paso nuestro sea guiado por nuestro Creador. 

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