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Mi Kabbala – Kislev 1, 5786 – Viernes 21 de noviembre del 2025.

¿Exilio?

El Texto de Textos nos revela en Jeremías 16:14, “No obstante, he aquí vienen días, dice Jehová, en que no se dirá más: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto; 15 sino: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado; y los volveré a su tierra, la cual di a sus padres”.

La palabra exilio (galut) a través de la raíz glh (גלות), nos habla de esa separación que se da y que se refleja en la dimensión especial cual si fuéramos fragmentos, denotándonos separados, lo cual se generó producto del pecado por nuestra desobediencia, la misma que nos mantiene aferrados a esta tierra de deseos egoístas hasta que voluntariamente aceptemos que debemos retornar a Él, a Su Edén, de allí que en vez de seguir enfatizando en este destierro y desierto terrenal mental de las tentaciones en que cohabitamos, debemos enfocarnos en la tierra prometida donde Él nos espera.

El pueblo judío (escogido) es el mejor ejemplo para visionar lo que significa un exiliado, así que como creyentes, entendiendo esa destrucción de nuestro templo, nos debemos ocupar de reconstruir nuestra relación con Él para acercarnos poco a poco a esa Jerusalén celestial en donde nos integraremos plenamente al Creador a través de esta Su obra, vínculo fraternal que se logró gracias a nuestro Mesías quien ha preparado todo para que vivamos pacíficamente siempre y cuando nuestra oraciones de fe nos lleven a aceptar que muy pronto estaremos allí (Leshaná Habaá B’Yerushalaim, לשנה הבאה בירושלים, El año que viene, ¡en Jerusalén!)

La llegada del Mesías a Jerusalén como restauración de lo creado nos llena de esperanza al vislumbrar esa Su paz, Su tierra prometida, que aunque difiere sustancialmente de la visión mundana física, si nos permite aceptar que tendremos un retorno a esa nuestra morada celestial, que ascenderemos (aliyá,  עלייה‎) gracias a Èl, la piedra y fundamento de nuestra redención, diáspora (Tfut’za, תפוצה) que implica en su todo, que hemos sido rescatados de este territorio egoísta y pecaminoso para que salgamos de este nuestro largo exilio terrenal y podamos reintegrarnos a Él.  

Como creyentes al releer a Malaquías (מַלְאָכִי) debemos interpretar esos mensajes, como llamados a retornar pero a este estado original que desde lo celestial implica salir del Exilio para reencontrarnos con Su perfección, la misma que no se puede lograr en este mundo pero que si nos guía y proyecta hacia Él, lo que implica el no continuar siendo presas del egoísmo pecaminoso que nos sofoca alejándonos más y más de esa Luz Superior, esclavizados a nuestros deseos de recibir, plagados de necedades y bajezas, que nos deshonran manteniéndonos en una desobediencia permanente.

Nuestra diaria tarea sigue siendo la de lograr que nuestro ser como templo y corazón como tabernáculo se enfoque en la Luz del Creador alejándonos de las impurezas que nos sofocan, para que la Shejiná (shaján, שכן) que se encuentra incluso en el polvo terrenal y que nos rebajó a dicho nivel, nos eleve al cielo gracias a nuevas percepciones al sabernos templo del Espíritu Santo por lo cual nos nutrimos de ese su Haz de Luz el cual debe guiarnos de retorno a nuestro estado original como hijos.

El Texto de Textos nos revela en Gálatas 5:1, “Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud”.

Oremos para no seguir siendo esclavos del pecado.

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