Back

Mi Kabbala – Kislev 13, 5786 – Miércoles 3 de diciembre del 2025

¿Cruzar?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 60:11, “tus puertas estarán de continúo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a ti sean traídas las riquezas de las naciones, y conducidos a ti sus reyes.”

Los creyentes aún aceptando que la fe en nuestro Señor Jesucristo es la puerta y el camino para retornar al cielo, parece olvidáramos que para cruzar por dicho espacio estrecho debemos amar como Él nos lo enseño, ya que nuestras acciones egoístas cierran esta, quizá por ello la cuarta letra: Dalet (ד), nos habla de esa armonía o estabilidad que orientan la creación y que según la misma letra Bet, hace que la materia densa que nos oscurece no logre con su velo aislarnos de ese Infinito que podemos cruzar de Su manos al integrarnos a Su obra a través del servicio fraternal a nuestros próximos.

Perspectiva que nos induce además a visionar ese cuarto día de la creación y su correspondencia: frente a la aparición de la luz, ciclo, que permitió las estaciones con los días y los años, proceso temporal, que separó la luz de las tinieblas, relacionando así las funciones de la materia con sus cuatro elementos; gracias a la fragmentación de su esencia, lo que quiere decir que Dalet, nos habla de este lugar terrenal como escenario de crecimiento, de apertura, proceso que a través de una familia y una sociedad, nos va guiando hasta cruzar (ivrí ,עברי) ese umbral hacia el cielo.  

Ciclos que nos forman y nutren, que nos hacen crecer, que nos delimitan el camino, que nos llevan a tomar consciencia de Su voluntad y las contingencias de nuestro pecado, necesitando incluso de esas restricciones, para poder entender el poder de nuestras palabras, signos lingüísticos que con su trazado nos dan las señales en pro de ese equilibrio que se requiere para cruzar gracias a que en su dintel fue roseada por la sangre del cordero, permitiendo así que desde nuestras casas: reconocerle, ver en Dalet, Su luz, la misma que proyecta ese cambio de ambiente que nos lleva a vislumbrar el cielo (maim, מָים).

Mardoqueo (מָרְדֳּכַי)‎, en aquella puerta orando por Ester, nos reitera como creyentes que al percibir a través de Dalet, tomamos conciencia, dejando de observarnos en el exterior de esta casa terrenal para vernos desde el interior, cruzando a su lado esas fuerzas del infinito, que como analogía nos llaman a generar desde nuestros labios esa apertura verbal celestial, dejando así de quejarnos y mal decir para alabar e iluminarnos gracias a reconectarnos con Él, con Su Luz que ilumina todo, aislándonos de ese egoísmo, indigencia, caos y debilidad que cogobiernan este mundo egoísta.

Vivimos cerrando puertas, retirándonos en conflictos, alejándonos, sometidos a una especulación racional, en vez de fluir con su fuerza espiritual: Fe, que le da a nuestras subjetividades luz, desapegándonos de una materia que nos fragmenta cuando somos parte integral de toda una creación que en sus diferentes dimensiones nos invita a salir de la oscuridad de la caverna mental en la que nos encontramos y asumir Su salvación (יֵ֫שַׁע, yesha) redención, que abre las ventanas de nuestros ojos y corazones para que hagamos a un lado: dudas, críticas, juicios, quejas, reclamos o sentimientos adversos, llenando ese vacío existencial de Él permitiéndonos así cruzar y volver a nuestro estado original.

El Texto de Textos nos revela en Juan 10:9, “Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo”.

Oremos para que nuestra boca solo se abra para bien decir de todo y de todos.

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *