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Mi Kabbala – Kislev 16, 5786 – Sábado 6 de diciembre del 2025

¿Universo?

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 8:11, “Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Creador, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; 12 no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, 13 y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; 14 y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Creador, que te sacó de tierra de Egipto”.

Aunque cohabitamos en un universo (Yekum, יְקוּם) que percibimos como exterior, nuestras vivencias son interpretaciones interiores de este, la realidad es que nuestro cerebro y los sentidos interconectados, capturan solo algunas ondas de toda la información posible, clasificando estas, gracias a una decodificación lingüística que no logra interpretar todos esos intercambios, los mismos que se traducen en imaginarios, que afectan directamente todas nuestras experiencias con sus proyecciones reprogramadas, por lo tanto esos impulsos nerviosos solo activan un limitado complejo proceso mental consciente que juzguemos luego como la única verdad.

Al irnos haciendo conscientes de nuestras inconciencias vamos activando todas nuestras estructuras gracias a diferentes tipos de estimulaciones u ondas de luz (אור) electromagnéticas, acordes al vibrar de Su palabra, logrando así superar esas limitantes antinómicas que regularmente hacen que nuestro cuerpo y mente estén desconectados del alma la misma que debe elevar esos niveles de conciencia para poder que entendamos los propósitos existenciales de este corto proceso terrenal de crecimiento en donde nos integrarnos con nuestra esa esencia divina, trascendiendo al sabernos partes del todo.

Fuerza (כוח־, koaj), espiritual: feque se encuentra en nosotros pero que debe voluntariamente activarse al integrarnos a Él a través de esta Su obra, logrando asi que todo lo que capturemos a través de nuestros sentidos y percepciones tenga otro tipo de lectura e  interpretación, una más espiritual, distinta a la que le estamos dando a todo, fruto de nuestras costumbres sesgadas, en donde el mundo de las formas nos domina, ajustando así nuestro ego a un modelo de vida que nos aleja de Él, cuando todo nos invita a vivir armónicamente desde esta dimensión terrenal.

El mundo (olam, אֵל עֹולָם) nos propone como tarea el conocernos para reconocernos como sus hijos a través de esas vivencias, las mismas que han sido transferidas a través de textos y contextos abstractos que con algunos conceptos de su sapiencia, nos llaman a buscar nuestra esencia, genética que clama por un cambio radical que supere nuestras percepciones de vida egoístas, asumiendo con ello cada pequeña y continua interacción como un ajuste a nuestras visiones existenciales en pro de poder degustar de este presente.

Ananías (חנינא, Hananyah) desobedeció para convertirse en ejemplo de la piedad divina, esa que nos posibilita igualmente como creyentes el sabemos acompañados por la misericordia de nuestro Padre quien ilumina nuestras oscuridades en pro que cumplamos Su plan, integrándonos a todo lo que creo para nuestro disfrute, proceso que requiere nuestro reconocimiento espiritual, coexistiendo en una armonía consciente con lo creado, lo cual desde nuestra esencia le da a lo físico y a lo mental, esa visión espiritual infinita, perspectiva distinta que nos llama a trascender.

El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 4:16, “Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día”.

Oremos para que nuestro ser interior guie nuestros pasos exteriores.

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