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Mi Kabbala – Kislev 26, 5785 – Martes 16 de diciembre del 2025

¿Dedicación?

El Texto de Textos nos revela en Números 7:11, “Y el Creador dijo a Moisés: Ofrecerán su ofrenda, un príncipe un día, y otro príncipe otro día, para la dedicación del altar”.

Conmemorar Jánuca (חנך) como fecha de dedicación al Creador, es ir mucho mas allá de una tradición, en donde se nos invita a dar de lo mejor de nosotros, siendo útiles a la obra del Creador a través de esos dones que Él mismo nos otorgó y para los cuales además nos guía, oportunidad permanente para sabernos parte, gracia que nos da la opción de vivir, lo que nos incita de alguna forma a cada instante a ofrendarle está a Él, siendo esta la mejor opción con la que contamos el devolverle un poco de lo mucho que nos ha dado. 

Todah (תודה: gracia), que implica dedicarle más que una festividad litúrgica, lo mejos de nosotros, para que así como en ese Festival de las luces, brillemos llenando nuestros entornos ya no solo de candelabros con velas, sino de esa Su Luz al crecer como familia. Quienes celebran Jánuca durante ocho días y conmemoran además la revuelta del pueblo macabeo, fecha en donde los judíos recuperaron su independencia sobre los griegos, nos hablan del Templo como ese escenario de culto, motivación para llenarnos de esa sabiduría divina a través de Su palabra irradiándola en nuestras vivencias.

Esta fiesta alegre de Hanukkah nos invita también a través de esa esencia lumínica a irradiar esta adentro y afuera, integrándonos así como una sola familia, por ende, quienes le comparan con la navidad de occidente, en donde no solo se cena, se intercambian regalos sino que además se ora, nos proponen que esos dreidels (sivivon, דריידל‎) o pirinolas de cuatro caras con una u del alfabeto hebreo, nos sirvan para vislumbrar que la misma vida es un milagro y que por ello debemos alabarle, agradeciéndole por todo lo que nos otorga, propuesta que implica el mantenernos bajo Su guía.

Los macabeos (מכבים) con sus costumbres nos enseñan gracias a estas sanas costumbres, que nosotros como creyentes debemos iluminar nuestras existencias, irradiando ese Su amor, el mismo que tiene relación directa con el estudio de Su palabra y la guía del Espíritu Santo, razón de peso para que le dedicamos a Él lo mejor de nuestras vidas, sirviendo, ya que cada instante y cada interacción es una posibilidad de ser parte de Su obra logrando que todas nuestras interacciones estén llenas de esos destellos divinos.

Todas nuestras tradiciones o costumbres (מנהג, minhag) contienen apartes de esos sus preceptos, los mismos que visionamos como principios y valores, por lo que estos deben ser trasmitidos a las nuevas generaciones a través del ejemplo, ese que nos aporta para poder dejar de sentir esa profunda oscuridad que significa el no saberse cerca de esa Su misericordia, razón de peso para permitimos compartir de esos destellos que brotan en nuestro ser con esos nuestros próximos y así seguramente estos seres estarán aprendiendo de Su palabra a través de nosotros, diaria tarea que nos lleva a dedicar lo mejor que tenemos al Creador, sirviéndole a través de nuestros pensamientos y actos.

El Texto de Textos nos revela en Juan 10:22, “Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, 23 y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón. 24 Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. 25 Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; 26 pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho”.

Oremos para que le dediquemos nuestros mejores instantes y dones al Creador.

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