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Mi Kabbala – Kislev 7, 5785 – Sábado 7 de diciembre del 2024.

¿Mesías?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 9:5, “Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz”.

Las profecías, נָבָא nabá, que nos hablan del Mesías nos ratifican a nosotros los creyentes que nuestro Señor Jesucristo es nuestro redentor así otras sesgadas interpretaciones con sus dudas solo intenten desviar nuestra atención como les sigue sucediendo a los fariseos y estudiosos que en sus relecturas por no contar con la guía del Espíritu Santo asumen que el Mesías debe ser Rey como sucederá en Su segunda venida, en donde completará esos roles que en su primera ocasión no ejecuto, tan solo para permitirnos a los creyentes que hiciéramos parte del proceso de salvación universal, el cual justifico realmente su primera venida a través del paréntesis temporal que generó para nosotros.

Las profecías hablan de un Mesías, מָשִׁיחַ Māšîaḥ, como alguien normal, hijo de padres normales, quien eventualmente moriría, legando su reino a un hijo o sucesor, quien por tradición debe ser descendiente directo del Rey David, hijo de Ishai, ser, que debe convertirse en el más grandioso líder y genio político de la historia, por lo cual se le ve como un hombre de suma inteligencia que usará esos extraordinarios talentos para promover una revolución mundial que traerá justicia social perfecta para toda la humanidad e influirá a todas las personas para que sirvan al Creador de todo corazón.

Los Judíos afirman de acuerdo a esas profecías que el Mesías será el más grandioso de la historia, jerarquía incluso superior a la de Moisés, por ello verá más allá de la falsedad y la hipocresía de este mundo, ya que tendrá la capacidad de percibir el alma de las personas, lo que le permitirá conocer todo su pasado e incluso juzgar sus pensamientos y utilizará ese poder para determinar a qué tribu pertenece cada judío, luego dividirá la Tierra de Israel en partes y cada tribu heredará su porción, presencia que se reconocerá con la tribu de Leví, לוי, el que une, determinando la legitimidad de cada kohén כּהן.

Y aunque nuestro Señor Jesucristo cumplió con estos requisitos esos eruditos no piensan igual fruto de una ceguera espiritual, que posibilito este paréntesis milenario en la historia para que los gentiles pudiéramos tener esos beneficios del pueblo escogido, por lo que ellos vieron en Yeshúa יֵשׁוּעַ, tan solo a un falso profeta, pese a que ese niño concebido por el Espíritu Santo a través de María: Yeshua, como lo pronunciaban los galileos, es el Mesías que en su segunda venida espera dicho pueblo y que ya no reinará con misericordia sino con justicia para quienes no le aceptaron, para así dar inicio al milenio final de la tierra. 

En el pasaje de la trasfiguración de nuestro Señor Jesucristo, Él mismo nos denota el cómo será ese milenio o era mesiánica en donde los creyentes representados de diferentes formas en los patriarcas: Moisés, מושה, que simboliza la ley, Elías אֵלִיָּהו, a los profetas, al lado de tres discípulos creyentes, quienes disfrutaremos de su reinado y a partir de ese momento todo ojo le verá y adorará, época que esta próxima para que a partir de dicho momento todas las naciones le honren, cumpliendo así ese gran mandato de amar al Creador por sobre todas las cosas y a nuestros próximos como a nosotros mismos. 

El Texto de Textos nos revela en Mateo 16:15, “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? —Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente —afirmó Simón Pedro”.

Oremos para que el mensaje y la salvación del Mesías guie nuestras vidas.

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