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Mi Kabbala – Kislev 9, 5786 – Sábado 29 de noviembre del 2025

¿Prioridades?

El Texto de Textos nos revela en Génesis 4:26, “Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre del Creador”.

El concepto de signo o marca (owth, אוֺת) nos habla de símbolos, imágenes, de un contexto, de una historia, esa que interpretamos desde nuestros significados y con la que consolidamos nuestra realidad, la misma que resignificada desde lo numérico nos ayuda a vislumbrar esas perspectivas divinas, en donde el siete (zayin, זין, espada) con sus analogías nos proyecta Su palabra, la misma que creo en siete días nuestro mundo, ciclo de vida que nos incita a madurar, a crecer, gracias a las permanentes oportunidades de ascenso que nos llevarán a través de los siete cielos hasta reintegrarnos con Él, quien nos espera en ese séptimo día (shavúa, שבוע, semana), fiel a sus promesas.

Allí es donde Patriarcas como Abraham nos reiteran que, a través de actos como la ofrenda a Avimelej (אֲבִימָלֶךְ‎) con sus siete corderos, nos sirven para aceptar ese juramento (Kislev) en el séptimo mes del antiguo calendario Judío y su signo el arco, como una reorientación hacia esos mandatos divinos, los mismos que nos guían para que aun lloviendo recordemos que el sol que nos ilumina es reflejo de Su amor, ese que a través del arco iris nos proyecta un pacto o señal que como generación de fe, desde antes de Noé, nos revela Su llamado a integramos a Él a través de esta Su obra, semana a semana.

Ese mismo número siete nos habla de esa primavera, época en la cual se conmemora a través del Shavuot, la revelación del Creador en el Monte Sinaí (סנה, seneh)zarza,que sigue ardiendopara que cada día, de nuestras semanas, vivamos plenamente guiados por Su palabra, asumiendo esa transición de lo material, pascua (Pesaj), que como corderos nos manifiestan que Él nos rescató, redimió, salvó, proceso que implica reconocer que somos Sus hijos, seres dispuestos a mantenernos dentro de Su pacto amoroso, el cual aceptamos como creyentes gracias a esa nuestra Fe en Él.

Sea Shavuot o Pesaj, cada temporada implica que como pueblo nos unifiquemos, siendo un solo cuerpo, su iglesia, orientándonos con sus virtudes a dar de lo mejor de nosotros, a entender ese juramento (Shvuá, שבועה) de nuestros ancestros, entregándonos a cada instante en esa búsqueda de acercarnos más y más a Él, atendiendo sus continuas revelaciones, sabiendo que Él nos otorgó la vida y con ella todo lo mejor de Su esencia, lo que significa que nos da todo por Su gracia, perdón más de cuarenta veces por siete que significa coexistir en armonía, firmes en Sus caminos.

Actuar de forma recta (Yashar, יָשָׁר) que como llamado celestial, implica vivir ese ciclo de crecimiento acogiéndonos a Su ley, la cual rige el Universo, todos los siete días de la semana, número que según la gematría se compone de un 3 divino y un 4 terrenal, siendo este paso temporal por este entorno material, un puente hacia ese cielo en pro que durante esas siete grandes semanas de vida o ciclos, le hagamos frente a Sus desafíos, tomando las mejores decisiones asumiendo nuestras responsabilidades, logrando que nuestras interacciones e interrelaciones nos permitan alcanzar esa nuestra misión de vida.

El Texto de Textos nos revela en Marcos 11:25, “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. 26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas”.

Oremos para agradecerle al Creador por lo menos siete veces al día.

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