
Mi Kabbala – Nisán 11, 5786 – Domingo 29 de marzo del 2026.
¿Servidores?
El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 13:4, “Solamente al Señor tu Creador debes seguir y rendir culto. Cumple sus mandamientos y obedécelo; sírvele y permanece fiel a Él”.
Como creyentes debemos entender que cuando nuestro Señor Jesucristo expresó el sentirse desamparado (תּוּגָה, tugah) haciendo referencia al salmo 22, lo hacia como una visión profética expresada por el mismo David y la reina Ester, que clamaron por Su ayuda frente a la grave situación que vivían y fruto de esa oración profunda y conjunta frente al posible exterminio de los suyos, se nos llama hoy a mantener ese clamor no solo en momentos de sufrimientos, sino como lógica celestial que nos proyecta Su crucifixión como el perdón de nuestros pecados.
Él es nuestro salvador y siempre escucha nuestro clamor, pero espera que nosotros atendamos su sabia voluntad, lo que además nos llama a comprender que los Salmos constituyen todo un canal de conexión con Él, a través del cual se revela a nosotros esa energía específica desde lo Alto, la misma que fruto de algunas creencias le dan a cada uno de los 150 Tehilim (תְּהִלִּים, alabanzas) un poder excepcional. Y aunque los creyentes no les recitamos continuamente, si debemos reconocer los efectos de su diaria lectura siendo conscientes que la sinceridad y la devoción puestas de manifiesto allí. Lo cual es determinante para alinear nuestra voluntad con la suya.
Servimos al Creador, pero para muchos ese es el proyecto menos motivador dentro de este mundo, sin comprender el significado de esa trascendencia. Y es que contrario a lo que algunos suponen, esa visión divina nos invita a ser aptos o útiles para el plan (תְּכָנִים, tjanim) celestial y los propósitos para los cuales fuimos creados, manifestando así nuestra obediencia y amor para con Èl, al entregarle lo mejor de nosotros para esta Su obra tal como Él lo hizo para con nosotros. Siendo Su Palabra guía y sus Salmos luz.
Nuestro Señor Jesucristo nos dio el ejemplo supremo de lo que significa el servicio a través de la humildad. Mientras sus discípulos discutían por los lugares de privilegio, Él como maestro les lavó los pies, acto que ellos no entendieron inicialmente, pero que nos deja a todos como mensaje la importancia de servir, de ser útiles, asumiendo desde esa mirada que debemos colocar todos nuestros dones (נֵ֫דֶה, nedé) en pro del bienestar común, con el cual incluso nos beneficiamos como humanidad. Servicio del que nos hablan los Salmos.
El trasfondo de aquel acto de humildad tiene que ver también con la expiación de nuestros pecados, lo que implica ir más allá de las polvorientas calles, esas que hacen que las sandalias se ensucien. Siendo necesario incluso para entrar a las casas el lavarse los pies en señal de purificación (טָהֵר, taher) lo que realmente significa espiritualmente una necesidad de alejarnos de esos deseos terrenales que nos hacen obviar el mensaje de la cruz, dándole a nuestro caminar diario otro tipo de búsquedas en pro de recibir Su salvación, la misma que nos lleva a estar en comunión continua con Él, gracias a la lectura diaria de la Biblia y especialmente de esos Salmos de alabanza.
El Texto de Textos nos revela en Juan 13:5, “luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? 7 Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después”.
Oremos para que estemos prestos a servirle a diario al Creador.



