
Mi Kabbala – Nisán 19, 5786 – Lunes 6 de abril del 2026
¿Puros?
El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 32:1, “Escuchad, cielos, y hablaré; Y oiga la tierra los dichos de mi boca”.
La simbología de la vaca roja hebrea, nos insinúa esa redención definitiva. Visión mesiánica que nos habla de esa ofrenda (פרשת השבוע, Parashat HaShavua) como creyente en pro de nutrirnos a diario de las 54 partes de Su palabra, convirtiendo está en mandatos. Manual de vida, que sustenta nuestra fe y nos lleva a la redención personal y de este mundo. Y aunque se habla de ocho formas de entender este misterio salvador (Mishná), todo nos enseña que solo nueve novillas rojas han sido preparadas en la historia, desde Moisés, siendo la final la que enarbolará nuestro sumo sacerdote y redentor: Jesucristo.
El Mesías preparará esa décima novilla roja que debe coincidir para ello con la tercera reconstrucción del templo para los judíos, sin embargo lo trascendente es entender que nuestras oraciones deben incitarnos a una limpieza interior permanente incluso en nuestras intenciones, logrando que pensamientos, expresiones y actos, se alejen de esas impurezas (tum’a,טֻמְאָה ) que nos mantienen atados al mundo, siendo necesario por ende, que nuestra diaria liturgia logre esa aspersión espiritual, tal como el profeta Ezequiel lo plasma, en pro de la santificación del nombre del Creador, logrando así que nuestro exilio terrenal nos permita atravesar este desierto pecador y retornar a nuestra tierra prometida.
Es algo que va más allá de ritos, que aunque pueden ayudar a esa búsqueda de una limpieza espiritual, esta peregrinación (גּוּר, guwr) diaria busca el reencuentro con Él, nutriéndonos del cordero, que en el Pesaj se ofrecía como sacrificio, búsqueda de eliminar los efectos del pecado y de la muerte, gracias a esa nuestra fe, la misma que nos permitirá resucitar de los muertos como parte de esa redención mesiánica, que como desafío de vida se nos muestra a cada instante como una nueva oportunidad y esperanza para continuar con nuestro permanente trasegar, guiados por Su Santo Espíritu.
Los creyentes tenemos muy claro que cuando venga el Mesías, todos los misterios se nos revelarán y por ende, esa labor diaria que hacemos para nuestra rectificación producto de la deficiencia espiritual provocada por el pecado, se redimirá gracias a Él, quien nos restaurará y limpiara de todas esas impurezas, siendo hoy el amor y el perdón los insumos necesarios para minimizar esas nuestras faltas, tal y como nos lo expresa a través de sus promesas, en donde esa redención (gue’ula, גְּאֻלָּה) se nos proyecta como nuestro mayor propósito existencial dentro de este corto paso por este planeta.
Redención que se logra a través de la Fe y la limpieza de nuestros pecados, es por ello que la muerte de los justos proyecta esa expiación (kapará aleaj, כפרה עליך) ya que cierra la distancia entre la presencia de nuestro Creador y nosotros. De allí que los más sabios anhelan aquel día en que la presencia de nuestro Padre Celestial, que restaurará a la tierra y a nosotros de una manera completa, gracias al poder de nuestro Mesías, el cual nos llama por ello a vivir de tal forma, que al contar los días, tal como lo visiona la cuenta de Omer, estemos seguros que, nos estamos integrando a Él a través de Su obra.
El Texto de Textos nos revela en Santiago 5:16, “Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz”.
Oremos para que la Fe en el Mesías nos redima de nuestros Pecados.



