
Mi Kabbala – Nisán 21, 5785 – Sábado 19 de abril del 2025
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El Texto de Textos nos revela en Éxodo 12:49, “la misma ley será para el natural, y para el extranjero que habitare entre vosotros”.
Hay millones de personas que afirman el seguir a nuestro Señor Jesucristo como nuestro Salvador, pero lo complejo es realmente en nuestro día a día denotar con nuestras acciones esa verdad fraternal que debe reflejar que en nosotros ha triunfado el Espíritu sobre la materia. Tristemente nuestro ser corporal (גּוּף־, guf) como vehículo para la integración con Él, parece ser perturbado inconscientemente por toda una serie de deseos y tentaciones en los que enfatiza este mundo mercantil pecador, en donde los mensajes de Él se disfrazan incluso de mitos y nuestro ego prioriza otra visión distinta a la de compartir y servir, razón de peso para que vivamos de espaldas a Sus mandatos.
Seguirle, mirar, observar o (להמשיך) continuar en ese camino de dejarnos guiar por el Espíritu Santo, implica un crecimiento integral y holístico permanente, en donde cedemos nuestra voluntad hacia la del Creador acogiéndonos a sus mandatos, sin embargo parece nos sigue interesando más el crecimiento económico y el ascenso a posiciones sociales que aunque no desdicen de dicha búsqueda trascendente, si nos ocupan demasiado en reconocimientos que fomentan el alejarnos más de esa armónica relación con Él.
Creer en Él y su acto salvador a través de la Fe, implica llenarnos de Su amor para vincularnos con esos próximos con los que nos recreamos a diario, logrando así integrarnos (מִשְׁתַּלֵּב, mishtalev) a través de cada uno de nuestros átomos y moléculas, los que a su vez se interconectan con lo creado, para perpetuar en nosotros esa vida eterna, la misma que nos lleva a florecer a través de un renacimiento constante que nos posibilita el integrarnos con Él, entregándole así nuestras diarias imperfecciones gracias a nuestras constantes oraciones respondidas a través de su amorosa guía.
Probablemente la cruz como símbolo universal tenga para algunos, connotaciones mágicas, para otros morales o hasta hay quienes la perciben como una especie de crisol en donde la materia prima de la gran obra sufre gracias a la infinita paciencia de la Pasión del Señor una gran transformación, pero lo ideal es aceptar que dicho símbolo redentor no solo implicó nuestra salvación sino como lo dice la misma inscripción romana, que algunos traducen como Rey de los Judíos, INRI (Ignis Natura Renovatur Integram): Él es el Fuego, (אֵשׁ, esh) que Renueva Incesantemente nuestra Naturaleza.
Sofonías (צפניה) como profeta, nos recuerda que Él nos protege, por lo cual al llevar nuestra cruz como Él, debemos estar dispuestos a morir con Él, lo que en términos más simples significa alejarnos de nuestros deseos carnales y tentaciones mentales y seguirle, gracias a una entrega servicial y absoluta en donde lo que nos importa es vivir a través de nuestras sanas interrelaciones con todos nuestros próximos, en una armonía real, que propende por el bienestar general, ese del que poco entienden nuestros egoísmos. Así que esa Cruz implica una alineación con las coordenadas divinas.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 16:24, “entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”.
Oremos para que siguiendo a nuestro Señor Jesucristo con nuestra cruz no veamos esta como una carga sino como un esfuerzo supremo que nos lleva a la vida eterna.



