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Mi Kabbala – Nisán 26, 5785 – Viernes 25 de abril del 2025

¿Cronología?

El Texto de Textos nos revela en Génesis 25:1, “Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura, la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán; e hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim. E hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron hijos de Cetura. Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac”.

La Biblia nos presenta nuestra historia desde una genealogía y con una cronología detallada en pro de permitirnos entender mejor nuestra predestinación como hijos del Creador a aportarle a Su obra una vez decidamos obedecerle, es por ello que todos esos ancestros que nos antecedieron nos enseñan los efectos del pecado, ese que estando en nuestra genética nos reitera la necesidad de ser guiados por Su Santo Espíritu para que todas esas deficiencias legadas no sean las que se sigan reproduciendo y más bien sigamos el buen ejemplo de Noé (נֹחַ, descanso) o de Abraham, (Aba, אב ,אבה) padre de nuestra fe.

Desde Hagar (הָגָר) nuestra descendencia encuentra un grave conflicto consanguíneo fruto de la impaciencia de Sara esposa de Abraham, siendo la línea genealógica de esa esclava egipcia Ismael (ישמעאל) rivales de la promesa de la que nos habla Jacob, quizá por ello el conflicto territorial en las tierras de Canaán que heredaron las doce tribus nos confunde al intentar comprender que: Nebaiot, luego Cedar, Adbeel, Mibsam, Duma, Massa, Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedema, también son hijos de Abraham y por ende esas naciones árabes y sus diversas creencias también son hermanas.

Y es que todos somos hijos del Creador asi no procedamos directamente del linaje de Isaac el cumplimiento de la promesa y como Iglesia valoramos esa filogenética en donde esos once hombre y una mujer, Dina (דינה, dayyanah, juicio) cumplen un rol de custodios de la palabra, siendo indispensable eso sí que todos aprendamos a obedecerle a nuestro Padre para que ese pecado original que enmarca a buena parte de nuestras vivencias no siga alejándonos de Él y por el contrario nos permitamos retornar voluntariamente a nuestro estado original a Su lado. 

Si como creyentes o gentiles hacemos parte del tercer grupo de seis hijos descendientes de Abrahán, con Cetura (קְטוּרָה, Qəṭūrā) luego del fallecimiento de Sara, no es lo importante, ya que han sido esas razas o castas las que más nos han dividido, cuando nuestro padre nos muestra en la misma Torá desde Noé con Jafet, así como los de Cus, hijo de Cam, de Aram hijo de Sem y de Joctán también hijo de Sem, que somos Sus hijos y que Él anhela que nos redimamos para lo cual se humanó para rescatarnos y denotarnos que lo que más necesitamos es el amarnos. 

Todo nos enseña que somos hermanos y coherederos del reino, pero sin embargo preferimos seguir prodigando odio y resentimiento, el mismo que ha desencadenado guerras y conflictos como nos lo enseña la Biblia, así que más allá de valorar o no esa consanguinidad directa, si debemos entender que hay una afinidad divina, que incluso nos une a quienes a través de la fe nos sabemos elegidos: hijos (בֵּן, ben) lo cual nos da cabida no solo dentro de esa cronología Bíblica sino especialmente en el cielo. 

El Texto de Textos nos revela en Efesios 2:11, “por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisos por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. 

Oremos para comportarnos como verdaderos hijos del Creador.

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