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Mi Kabbala – Shevat 23, 5785 – Viernes 21 de febrero del 2025

¿Casados?

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 18:12, “quien halla esposa halla la felicidad: muestras de su favor le ha dado el Señor”.

Conceptos como el de matrimonio, esposos o estar casados, nacen de visionar una casa, un hogar, una familia y aunque hay quienes leen esto con un sesgo de perdida de libertad, el matrimonio incluso proviene de patrimonio, בַּ֫עַל, baal, dueño, conceptos que debido a nuestras fusiones lingüísticas nos han distanciado de esa perspectiva conyugal divina en donde más que una sociedad comercial, se logra una unión voluntaria de dos seres que quieren consolidar una familia para darle a unas criaturas más que una provisión, un modelo de vida que nos permita como grupo el reintegrarnos a todos al Creador.

Algunas traducciones e interpretaciones menos sesgadas nos llevan a otra palabra hebrea para matrimonio: KiDuSHin, que surge de la palabra KoDeSH, קדוש, santo, lo que significa que dicha unión entre hombre y mujer es algo santo, en donde se une la pareja para disfrutar de la Divina Presencia del Creador, su Tercer Socio en esta relación, lo que hace que en dicho pacto resida el crecimiento de quienes integran ese hogar, gracias a que sus integrantes tendrán como fundamento no solo Su palabra sino también la guía del Espíritu Santo a través de sus diarias oraciones.

Pacto, ,בְּרִית berít o alianza, que significa que al contraer nupcias nos estamos integrando como pareja al Creador para lograr a través de esa familia, que nosotros como nuestros hijos, gracias a nuestro sabio ejemplo, retornemos a nuestra morada celestial eterna, a nuestra tierra prometida, de la cual nos separamos fruto de nuestra desobediencia, razón de peso para replantear todas esas concepciones y percepciones mercantiles al respecto de lo que debe ser la unión marital, las cuales nos han llevado a que se deterioren dichas relaciones de pareja y que en muy corto plazo se pase del amor, con tintes pasionales a todo tipo de resentimientos que han hecho del divorcio casi que el fin normal de esa unión.

Integrarnos como como pareja se constituye en ese primer gran paso para reintegrarnos al Creador a través de la conformación de esa familia, siendo necesario luego con la llegada de unos hijos, ben, בֵּן, permitir que esa nuevas almas como nosotros se vinculen con esos otros seres, para que dicha luminidad fraternal y servicial nos proyecte esa visión de santidad que implica entre muchas cosas, que lo humano pasional pase a un segundo plano, ya que estamos comprometidos con lograr que ese hogar que recibió el don de la procreación se sume a los planes del Creador.

Como Raquel, רחל, oveja, estamos llamados a ser la esposa de nuestro Señor Jesucristo para lo cual debemos consolidar un hogar y vivir dentro de los límites de esas interacciones armónicas en cumplimiento de ese Pacto con el Creador, en donde la pareja no solo contrae matrimonio desde la lógica civil sino que lo hace de acuerdo con la ley de la Torá por lo cual se propone el mantener un comportamiento espiritual entro de los límites de sus mandatos y preceptos, nos entendamos como seres que aman y aceptan el Pacto de Abraham el cual es el medio principal para acercarnos a Él.

El Texto de Textos nos revela en  Efesios 5:25, “maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.”

Oremos para que nuestras familias nos integren cada vez más al Creador.

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