
Mi Kabbala – Shevat 9, 5786 – Martes 27 de enero del 2026.
¿Manto?
El Texto de Textos nos revela en I de Reyes 19:19, “partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto”.
Con el paso de los años nuestros vestidos van perdiendo la importancia que el Creador quiso estos tuvieran, en pro de cubrir nuestra vergüenza del pecado al desobedecerle, para lo cual sacrificó un cordero, por el contrario cada vez más nos escondemos en disfraces con los cuales solo logramos aumentar nuestras contradicciones, siendo necesario que revisemos muy bien esos mantos que suponemos nos cubren (כָּסָה, kasá), reconociendo que estos no nos están ayudando para presentarnos ante el Creador.
Desde los tiempos antiguos, hemos usado sobre nuestro ser un ropaje que nos cubre y protege, sin embargo, parece que esas capas rugosas (me’il, מְעִיל) no logran disimular nuestro pecado y como vestimenta (aderet, אַדֶּרֶת) solo siguen desviando nuestra atención atrayéndonos a modas que solo reflejan nuestra vanidad, promoviendo un valor social que no es real, tanto que el mismo profeta Elías termina dejando en las manos de Eliseo, este instrumento o símbolo, tratando de insinuarnos como creyentes que necesitamos es cubrirnos de Su amor para poder acercarnos a nuestro Padre Celestial.
No perdamos de vista que nuestro Señor Jesucristo también fue envuelto en un manto, lo que para algunas personas significa que estamos llamados a vivir cerca del Creador cubriéndonos con Su Palabra, para que ella nos guie correctamente y de esta forma vestirnos para integrarnos a Él a través de Su obra, visión que nos llama a revestirnos de su gloria (ADR, אדר), estatus elevado que implica no creernos más sino creer más, para que así el uso de cualquier capa nos sirva de símbolo de acercarnos al Creador, lo que realmente le da un nuevo sentido incluso a nuestras ropas.
Nuestro ropa como manto contiene ese mensaje divino o por el contrario ese objeto solo lo vemos como símbolo de moda de una prensa imbuida en cada caso de un poder que a diferencia de Su manto tenía un poder curativo espiritual, el cual con Su muerte y resurrección nos protege e incita acercarnos al Creador sin tener que cubrirnos con otro tipo de ropaje, atendiendo que esa como en su crucifixión este fue rasgado (qara, קרַַע) violentamente en cuatro pedazos por los soldados romanos, nosotros podemos con esos retazos, arropar nuestra fe para ser salvos gracias a nuestro Señor Jesucristo.
Conceptos que nos invitan a comprender que debemos vestirnos de tal forma que agrademos al Creador y podamos acercarnos confiadamente a Él, ya que lo más importante es integrarnos a través de la sangre de Su hijo, quien murió por nuestros pecados para que ya no tengamos que estar alejados de Él; avergonzados, sino que ahora sin necesidad de cubrirnos con otro tipo de mantos o capas, nos sepamos nuevamente partes de Él y por ende dignos de Su amor, prestos a retornar a casa (בָּ֫יִת, bayith).
El Texto de Texto nos revela en Juan 19:23, “cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. 24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura”.
Oremos para que Jesucristo nos cubra con su manto de Salvación.



