
Mi Kabbala – Sivan 2, 5785 – Viernes 30 de mayo del 2025
¿Idolatría?
El Texto de Textos nos revela en Jonás 2:9, “Yo, en cambio, te ofreceré sacrificios y cánticos de gratitud. Cumpliré las promesas que te hice. ¡La salvación viene del Señor!
La palabra sacrificio en su etimología nos invitaba a hacer sagradas las cosas, así algunos le lean como un dolor o perdida, confusión fruto que nadie honra la vida o está dispuesto a entregar lo mejor de si en busca de ese bienestar general. Probablemente a partir de la consumación de nuestro pecado nos llenamos de distorsiones verbales que nos llevaron a ver el Korbán (קָרְבָּן) sacrificios como acciones externas con las que pretendemos que otros paguen por nosotros, mientras nosotros voluntariamente no actuamos con coherencia para acercarnos al Creador gracias a una intención real fraternal.
Nuestro distanciamiento denota una convergencia (קרבה) con el Creador la cual nos invita como creyentes a retroalimentarnos e integrarnos a Él, en busca de ese otorgamiento que en esencia Él representa. Y es que no podemos perder de vista que al ofrecer un sacrificio, uno se eleva, se integra, gracias a esa intención directa hacia Él. Por lo que lo interesante de esta tarea, es asimilar que, quien ofrece, también recibe, lo que no contradice la intención altruista, que nos obliga a su vez a corregir nuestros deseos insaciables de recibir y convertirlos en otorgamiento para el Creador.
Frente a todas las posibilidades que nos ofrece el acto de sacrificarnos, la misión es empezar a enfocar nuestros deseos y acciones en pro, ya no de que un animal sea quemado o muerto como ofrenda de esa carne al Creador, sino que ahora entendamos que nuestro Señor Jesucristo al cumplir con ese único sacrifico por nuestros pecados, nos redimió para que por nuestra Fe en Él, logremos acercarnos, salvarnos y con ello nos aislemos de nuestros deseos de la carne, para así poder ascender (עָלָה, alah) a su lado, naciendo de nuevo. Proceso que hace que vayamos desapegándonos de todo aquello que disfrazado de egoísmo nos impedía corregir nuestra visión de vida.
Desde dicha mirada nuestros actuales sacrificios deben estar enfocados en convertir nuestras oraciones en acciones de gracias, entendiendo incluso que todo lo recibido nos favorece aun cuando en algunas circunstancias no percibamos allí la Luz del Creador, quizá porque nuestros propios sesgos se encuentran obstaculizando (שָׁלוּ, shalu) y restringiendo esta. El propósito de dar gracias, por ende, nos lleva a abrir nuestras mentes y seres, para despertar nuestro entendimiento y percibir esos destellos de Su Luz que guían nuestras coexistencias y que resignifican cualquier tipo de sacrificio humano.
Elías (אליהו) nos enseña a buscar esa actitud de servicio en donde florezcan valores como la gratitud, la fraternidad y la disciplina, los cuales deben cogobernar nuestras nuevas intenciones, para que vayamos abriendo nuestro ser y sus canales perceptivos a esa totalidad que nos expresa a diario el Creador con su Luz y fluir y así a través de ella proyectando todo lo que antes descalificamos como sacrificio, convirtiendo ello en motivo de agradecimiento, ya que proviene de ese Padre amoroso que nos guía y nos posibilita pese a nuestras intenciones egoístas el reconectarnos con Él, una vez lo deseemos.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 9:13, “pero vayan y aprendan lo que significa: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios.” Porque no he venido a llamar a justos sino a pecadores”.
Oremos para no ser dominados por nuestros deseos egoístas.



