
Mi Kabbala – Siván 22, 5785 – Jueves 19 de junio del 2025
¿Ver?
El Texto de Textos nos revela en Números 33:55, “y si no echareis a los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos y por espinas en vuestros costados, y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitareis”.
Nuestra visión es un sistema esencial para todas las imágenes que captura nuestra mente y que nos permiten imaginarnos algo, recreándonos en unos conceptos que interpretamos como reales pese a que estos incluso difieren no solo teniendo en cuenta las diversas percepciones sino nuestros sesgos conceptuales al respecto de algo o de alguien, lo que significa que coexistimos en el mundo de las ilusiones y anhelos, los mismos que nos distraen con sus signos y símbolos de ese camino espiritual y de las manifestaciones divinas que adicionalmente confundimos con satisfactores y expectativas (תִּקְוָה, tiqvah)
La letra Ayin (ע) del alfabeto hebreo, corresponde para quienes así lo creen al ojo, y aunque para algunas personas significa, vacío o la nada y hasta la destrucción, como símbolo nos proyecta una hermosa relación con ese viento que por estar ocupados en nuestros ruidos no atendemos, el cual además transporta en sus ondas nuestras voces, las mismas que nos hablan de su Palabra, sin embargo es mas nuestra sordera, por lo que fue necesario que Él mismo se humanará, rasgando el velo que tenemos en nuestros ojos egoístas, denotándonos así esa otra realidad, la misma que a través de nuestro templo corporal nos reitera que solo esa luminosidad divina es la que nos permite entender lo que es la vida.
Ayin, como signo, puede servirnos de advertencia, evitándonos esas crisis a través de las cuales nos cuestionamos, lo que implica el atender todas esas sus señales y alertas a través de las cuales nos llama para que no sigamos confundidos edificando nuestras torres de Babel con nuestras desinformaciones, cuando podemos más bien cerrar nuestros parpados y proponernos un crecimiento interior, el mismo que tiene que ver con nuestra evolución espiritual, lógica que nos llama a cultivar a diario una dinámica de vida diferente en donde nuestros anhelos y sueños sean para compartir y no para competir, atendiendo desde esa mirada los mensajes divinos (מַלְאָך, malak).
Palabra que se fundamenta en estas letras, siendo la décima sexta del alfabeto hebreo, con sus chispas de luz por su correspondencia con la letra griega ómicron, O, la que nos arroja ese mensaje liberador para que no sigamos en la cultura egipcia de nuestra esclavitud y abramos el ojo (udjat), no el de Horus, sino el del alma, es por ello que la gematria le da a este signo un valor numérico de 70, para reconfirmarnos que debemos percibir mejor las cosas y así poder derrumbar esas barreras que nos instan a engaños, haciendo visible lo invisible al iluminar nuestro ser con Su luz, dándole a nuestros ojos interiores esas chispas de la Palabra, ampliando así nuestra percepción (רָאָה, raah).
Nuestro Señor Jesucristo nos denotó que existe la posibilidad de una percepción más directa del mundo espiritual, una que no requiere de intermediarios y que nos llevaría a vislumbrar esa otra realidad, por lo que se trata de lograr que nuestra visión perciba ya no solo el origen y la causa de las cosas, sin detenerse en las apariencias (מַרְאֶה maré) sino también que en cada partícula esa posibilidad de reencontrarnos con esa fuente de agua viva fruto de atender Su palabra y a través de ella transformar nuestras coexistencias.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 5:29, “por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”.
Oremos para que con nuestra vista podamos percibir mejor al Creador.



