
Mi Parashá – Génesis 11:28
El concepto de murió, וַיָּמָת (Vayamat), con un valor gemátrico de 456 (ו=6, י=10, מ=40, ת=400), nos habla más que de un final físico, de una transición que enmarca este ciclo terrenal que nuestra alma debe cumplir. Quizás por ello, Harán, hermano de Abram, quien muere en presencia de su padre, más que presentar una tragedia familiar, nos está denotando que, al producirse esta ruptura del ciclo generacional con la muerte, estamos llamados a trascender, especialmente a través del legado dejado a nuestros hijos.
La muerte prematura simboliza una interrupción en el flujo de la transmisión espiritual, una ruptura en la continuidad de las enseñanzas familiares. Sin embargo, el versículo, al hablar de la presencia de Taré עַל-פְּנֵי תֶּרַח אָבִיו (Al-penei Teraj aviv), “al-penei” (עַל-פְּנֵי), con un valor gemátrico de 220 (ע=70, ל=30, פ=80, נ=50, י=10), nos indica que los lazos consanguíneos no son solo directos, por lo que esa conexión espiritual, incluso frente a circunstancias traumáticas, debe mantenerse.
El hecho de mencionar la región de Ur de los caldeos, בְּאוּר כַּשְׂדִּים (Be’ur Kasdim), Ur Kasdim (אוּר כַּשְׂדִּים), con un valor gemátrico de 643 (אוּר=207, כַּשְׂדִּים=436), nos da la idea de que este lugar politeísta contrasta con nuestro destino. Por ello, antes de enfrentarnos a la muerte, debemos rechazar esas creencias idólatras.
Esta ciudad puede ser vista simbólicamente dentro de nuestros ciclos de vida como espacios que debemos transformar. Por eso mismo, Abram más tarde deja atrás las creencias de Ur para abrazar una nueva relación con lo divino. En este sentido, la muerte de Harán marca el fin de un ciclo y el comienzo de otro nuevo, que será liderado por Abram.
Todo lo que mal valoramos como adverso nos proyecta un punto de inflexión en nuestra historia espiritual, por lo que este episodio debe marcar una nueva era, un nuevo comienzo, liderado por Abram con una nueva visión espiritual. Aunque la muerte es inevitable, también forma parte de un ciclo más amplio de transformación espiritual, ya que lo que percibimos como un final es solo el paso a una nueva fase de crecimiento y comprensión espiritual.
En la tradición judía mística, no solo habitamos lugares físicos, sino que estos se convierten en estados espirituales del alma, lo que nos enseña el cómo actuar como creyentes buscando la verdad en medio de territorios que muchas veces se opone a lo divino, como han sido: Ur, Sodoma, Babilonia y Egipto.
Ur Kasdim (Ur de los Caldeos) – El lugar de nacimiento de Abraham. Simbólicamente, representa el inicio del despertar espiritual en medio de un ambiente de idolatría y materialismo. Y como Abraham, debemos escuchar el llamado de Dios (“Lej Lejá” – “Vete hacia ti”) y salir del entorno espiritual que nos limita, aunque eso implique romper con nuestro pasado o nuestra cultura.
Hay ciudades como Sodoma (Ciudad del pecado), donde no hay ni justicia, ni compasión. Estas representan la corrupción moral extrema y el egoísmo social. Y aunque uno viva en un entorno corrupto, debe aferrarse a la justicia, la misericordia y la bondad, como lo hizo Abraham intercediendo por Sodoma.
Hay otros espacios habitacionales que son como Babilonia (Bavel) – Lugar de confusión (la raíz “balal” significa “mezclar”) y del exilio espiritual, estas representan la confusión ideológica y el orgullo humano (como la Torre de Babel). El creyente debe buscar claridad espiritual, estudiar la Torá y vivir con humildad frente a la grandeza divina.
Y hay países que como Egipto (Mitzráim) – En hebreo se asocia con “meitzar” (estrechez, limitación), representan las limitaciones del alma, la esclavitud espiritual, el ego y los deseos mundanos. Allí se nos llama a salir de Egipto internamente, romper con los apegos y servir a Dios con libertad interior.
La guematría asocia palabras con valores numéricos para revelar conexiones ocultas. Algunos ejemplos:
מצרים (Mitzráim – Egipto) = 380 → Este número está asociado con la palabra “sitra ajará” (el “otro lado”, las fuerzas de la oscuridad).
Implica que Egipto representa el poder de las klipot (cáscaras espirituales que cubren la luz divina).
בבל (Bavel – Babilonia) = 34 → El mismo valor que אבל (ével – luto).
Sugiere que Babilonia representa un estado de pérdida espiritual, de desconexión con la fuente.
¿Qué debemos hacer como creyentes según la Kabaláh?
No conformarse al entorno: Como Abraham, debemos tener el valor de salir espiritualmente del lugar donde estamos si eso impide nuestro crecimiento.
Transformar desde adentro: A veces, como José en Egipto o Daniel en Babilonia, Dios nos coloca allí para ser luz en medio de la oscuridad.
Estudiar y elevar la conciencia: El arma principal del creyente es el estudio de la Torá, la plegaria y la meditación kabalística, para refinar el alma.
Hacer tikún (reparación): La Kabaláh enseña que nuestra misión es elevar las chispas sagradas (nitzotzot) que están incluso en los lugares más oscuros.
Según la Kabaláh y la guematría, vivir en “lugares” como Ur, Sodoma, Babilonia o Egipto representa desafíos espirituales profundos. Pero esos lugares también ofrecen oportunidades para crecer, para elegir a Dios sobre el entorno, y para ser agentes de transformación. El creyente debe mantenerse firme, conectar con la divinidad, y ser un canal de luz en medio del exilio espiritual.



