
Mi Kabbala – Tamuz 10 – Domingo 6 de julio del 202
¿Saludamos?
El Texto de Textos nos revela en Isaías 9:6, “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Creador Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.
Desde las primeras horas del día al abrir nuestros párpados deberíamos saludar la vida agradeciendo y alabando al Creador, como lo hacen los hebreos al decir: Shalom (שלום), término que implica proponer salud, armonía, paz interior, calma y tranquilidad para con todos y el todo. Saludo, que algunos solo traducen como paz, refiriéndose más a un estado exterior o hasta un acuerdo entre dos partes, sin embargo, obvian que Shalom en las Escrituras siempre apunta hacia una acción trascendente de la totalidad o sea debe entenderse como algo que relaciona el bienestar de todos.
Para entender mejor esta expresión debemos comprender que la raíz lingüística de Shalom tiene que ver con: le-shalem, que significa también completar, retribuir, pagar o compensar, por lo que desde esa mirada se podría pensar que no se trata al leer este término desde esa ausencia de conflictos o la desaparición de la hostilidad, sino una paz total, que nos lleva a asumir el usar este concepto desde su integralidad, llamado para retornar al equilibrio (איזון, izum) interior, a la misericordia y a la búsqueda de esa fraternidad celestial.
Propósito que como creyentes nos debe incitar a saludar a otros seres humanos en el nombre del mismo Creador, dándoles nuestras mejores bendiciones y recibiendo estas con el retorno del saludo de dicha persona, para que ese intercambio verbal genere algo más que una buena convivencia, ya que como nos lo denota Su palabra en múltiples versículos, Él siempre nos llama más que a hacer rezos por el bienestar (טוּב, tub) que es general, a dar a diario lo mejor de nosotros, ya que esa actitud es la mejor forma de usar esas bendiciones en pro de lograr que todo este acorde a Su Plan.
Hermosa enseñanza que en todo su trasfondo nos está pidiendo el responder a nuestras habilidades y dones otorgados por Él en pro de alcanzar esa armonía en nuestras interacciones, la cual no se puede encontrar sino pensamos en ese beneficio común en donde la paz es más que un estado de tranquilidad interior, lo que implica acercarnos a esos otros iniciando con un saludo, el mismo que le da a esa persona de nuestra paz y respeto. No olvidemos que para el Creador cada ser humano es único y sagrado y ello amerita entre muchas cosas que nos propongamos el servir buscando a través de ello ese gozo (שַׁלְוָה, shalvat) de sabernos útiles a Su obra.
Los valores y preceptos que nos enseña el Creador a través de su Palabra deben de sembrarse y cultivarse a diario para que den sus frutos o de lo contrario como sucede con la misma tierra, la maleza (רָע, rah) puede crecer dentro de nosotros. Así que debemos trabajar y abonar nuestras vivencias con su amor el cual denota ese potencial que hace que cualquier gesto de cortesía motive la vida de quienes al saberse bendecidos logran compenetrarse con ese estado de paz, que nos reitera que todo lo que se nos otorga a diario viene de Él y nosotros debemos como creyentes lograr que todo fluya.
El Texto de Textos nos revela en II de Tesalonicenses 1:3, “Debemos siempre dar gracias al Creador por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás”.
Oremos para que nuestra paz interior sirva de luz en la vida de nuestros próximos.



