
Mi Parashá – Génesis 12:13
El temor de Abram ante el peligro que representa su estancia en Egipto lo lleva a tomar decisiones erróneas, aunque él supone que estas le protegerán. Esta estrategia involucra la manipulación de la verdad, y aunque puede parecer un acto de desesperación, lo cierto es que olvida el poder de la palabra y cómo nuestras acciones y declaraciones pueden alterar la realidad.
Abram le pide a Sarai que utilice sus palabras para cambiar una situación peligrosa. Aunque su intención parece ser protegerse a sí mismo, a ella y a los demás, y por ende preservar el propósito divino que le fue encomendado, la expresión “mi hermana” (achoti), como metáfora de una conexión cercana que no implica el compromiso total del matrimonio, más adelante le hará notar su error.
La expresión “di” (אִמְרִי, Imri), cuyo valor gemátrico es 251 (א = 1, מ = 40, ר = 200, י = 10), como manifestación o fuerza creativa, sugiere que las palabras de Sarai no solo sirven como protección física, sino también como un acto de creación de una nueva realidad. Esto se complementa con el término “mi hermana” (אֲחֹתִי, Achoti), cuyo valor gemátrico es 414 (א = 1, ח = 8, ו = 6, ת = 400, י = 10), que busca preservar tanto a ella como la misión espiritual de Abram.
La expresión “me vaya bien” (יִיטַב-לִי, Yitav-li), cuyo valor gemátrico es 62 (י = 10, י = 10, ט = 9, ב = 2, ל = 30, י = 10), está relacionada con el concepto de bondad y éxito. Nos muestra la dualidad entre la misericordia divina y el juicio, lo que implica que aunque Abram desea que las circunstancias le favorezcan, también está en juego su misión divina.
La expresión “mi vida” (נַפְשִׁי, Nafshi), cuyo valor gemátrico es 400 (נ = 50, פ = 80, ש = 300, י = 10), hace referencia a nefesh (alma) en su nivel más básico, ya que Abram está preocupado por preservar su vida física, pero olvida la dimensión espiritual, que implica la continuidad de su misión divina.
El valor 400, asociado con el cumplimiento y la finalización de un ciclo, indica que este momento es crucial para el desarrollo de su destino. Aunque la ambivalencia de este versículo puede parecer confusa, enfrentamos situaciones de peligro y vulnerabilidad que nos llaman a tomar decisiones. Aunque algunas de estas decisiones puedan parecer desesperadas, debemos confiar en el Creador, ya que todo tiene implicaciones tanto físicas como espirituales.
Nuestras palabras y acciones tienen el poder de crear nuevas realidades, y debemos ser conscientes de cómo las usamos. Aunque podamos encontrarnos en situaciones en las que necesitamos actuar con prudencia para proteger nuestra integridad física y nuestra misión espiritual, es claro que nuestras decisiones deben estar alineadas con nuestro propósito espiritual. En los momentos de mayor dificultad, debemos encontrar formas de preservar nuestro propósito, confiando en la sabiduría inherente a cada situación y en la guía del Creador.
Como lo hemos venido reflexionando Abraham dijo una verdad parcial con intención protectora y es que según la tradición (Talmud y Midrash), Sarai era hija de Harán, medio hermano de Abraham. Por tanto, sí era su “hermana” en un sentido familiar. Sin embargo, el problema no fue solo la declaración, sino el efecto de la omisión: llevó a otro a pecar sin saberlo.
La Cábala dice que el Faraón fue castigado porque cada alma tiene un nivel de percepción espiritual y él símbolo del ego absoluto, tomó lo que no le pertenecía sin buscar claridad espiritual. Aunque no sabía con palabras, a nivel de energía (ruaj), “sabía” que algo no estaba bien. Pero siguió adelante.
Cuando uno se deja llevar por el deseo sin discernimiento, aunque haya sido engañado, la falta de conciencia lo hace responsable.
Y Abraham no fue castigado porque su intención era espiritual. Él temía que lo mataran por tener una esposa tan hermosa (Génesis 12:12). En la Cábala, esto representa la protección del nivel más alto del alma (Neshamá, simbolizada por Sara), mientras el ego (el cuerpo) aún no puede recibir plenamente la luz.
שָׂרַי – Sarai = ש (300) + ר (200) + י (10) = 510 = valor de נָקִי – “inocente”, representa la pureza del alma, que no puede ser poseída por el faraón (ego, deseo de control).
פַּרְעֹה – Par’oh (faraón) = פ (80) + ר (200) + ע (70) + ה (5) = 355 = valor de שֵׁקֶר – “mentira”, representa la conciencia basada en ilusión, poder y dominación. Por eso aunque Abraham omitió, el juicio recayó sobre el faraón, cuya energía se alinea con el engaño, no con la verdad espiritual.
En el mundo espiritual, no importa solo lo que se dice, sino desde dónde se dice y hacia dónde conduce. Abraham actuó por temor y protección, no por manipulación. Faraón actuó por deseo y control, sin buscar la verdad. Por eso la “mentira” no contaminó a Abraham, pero la “ignorancia poderosa” sí trajo juicio sobre el faraón.
Cuando enfrentamos decisiones complejas, la intención profunda es tan importante como la acción exterior.
La luz no se puede poseer sin preparación.
El ego que desea controlar lo divino inevitablemente se enfrenta a su propia oscuridad.



