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Mi Kabbala – Tamuz 12, 5785 – Martes 8 de julio del 2025

¿Virtudes?

El Texto de Textos nos revela en Jueces 14:12, “Y Sansón les dijo: Yo os propondré ahora un enigma, y si en los siete días del banquete me lo declaráis y descifráis, yo os daré treinta vestidos de lino y treinta vestidos de fiesta. 13 Mas si no me lo podéis declarar, entonces vosotros me daréis a mí los treinta vestidos de lino y los vestidos de fiesta. Y ellos respondieron: Propón tu enigma, y lo oiremos”.

Nuestras virtudes (jayil, חַיִל) tienen que ver con una serie de cualidades que resignifican los comportamientos de una persona, siendo necesario convertirles en hábitos que ejemplarices nuestras interrelaciones, lo que hace que nuestra convivencia se enriquezca con estos principios, mandatos, preceptos y valores que transforman realmente nuestros seres, logrando que el servicio y la fraternidad se impongan frente a ese sin número de conveniencias egoístas que nos hacen injustos, imprudentes, impacientes, deshonestos, irresponsables, si personas alejadas del Creador y Su plan.

Se habla de cuatro virtudes cardinales de las cuales se derivan las otras: prudencia (שָׂכַל, sakal), justicia (צֶ֫דֶק, tsedeq), fortaleza (עֹז, oz) y templanza, las mismas que llevadas al campo de los valores sociales deben convertirnos en seres dispuestos a mantener nuestra conciencia abierta a la voluntad divina, la cual debe guiar no solo nuestros pensamientos, palabras sino actos para que reordenar esa serie de emociones que como indicadores nos alertan del desborde de algunas pasiones, quizá por ello quienes nos invitan a equilibrar razón y fe, simplemente nos recuerdan que la creación funciona armónicamente.

Dichas Virtudes miradas desde lo terrenal, nos llevan a entender la fuerza (כֹּ֫חַ, koach) del pecado, por lo que necesitamos de la ayuda del Espíritu Santo para que no nos domine lo corporal, sino que logremos que todas las piezas que integran el rompecabezas de nuestro ser encajen, de tal forma que sea Su Luz la que ilumine nuestro entendimiento para que así podamos coordinar mejor nuestra voluntad la cual le da a nuestra intenciones una serie de motivaciones para que busquemos integrarnos a Él a través de Su obra en vez de seguir distraídos en las alucinaciones de nuestros egoísmos.

Todas nuestras virtudes parten entonces de Su palabra y esta emitida con sus chispas de Luz para darle movimiento a nuestro mundo con su vibrar, nos lleva a asumir una nueva lectura de la vida, a través de la cual nos acojamos a Él, quien como Creador nos orienta. Entender por ello que todo deriva del movimiento de esas cuatro letras del tetragrámaton: יהוה, es acogernos a esa movilidad, a dicha armonía, a su fluir, el cual se traduce en amarnos, vinculo perfecto que le da a esa combinación de letras otro sentido.

Sedequias (צִדְקִיָּהוּ) sirve de ejemplo para no malograr nuestras virtudes usando erradamente esa fuerza o potencia, obviando las instrucciones divinas sobre cómo crecer y trascender, recibiendo esa Luz de Su palabra, lenguaje que como herramienta de vida, nos otorga los insumos más que para conocer, para reconocernos como Su esencia: Sus hijos, razón de peso para buscar el ser más virtuosos, pensando, diciendo y actuando de tal forma que transformemos lo terrenal en espiritual propendiendo así por ese crecimiento integral que implica sabernos guiados por Su amor.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 11:8, “como está escrito: el Creador les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy”.

Oremos para que nuestras virtudes nos den esa fuerza espiritual.

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