
Mi Kabbala – Tamuz 5 – Martes 1 de julio del 2025
¿Palabras?
El Texto de Textos nos revela en Jeremías 17:14: “Sáname, oh SEÑOR, y seré sanado; sálvame y seré salvo, porque TÚ eres mi Alabanza.”
Todo procede de la Palabra del Creador, razón de peso para que al orar nos recreemos en ella, alabándole, tal y como nos lo enseñó Jeremías (Yirmiahu יִרְמְיָהוּ) que significa el Señor, yahu, levanta (yarim), lo que quiere decir que nuestro cuerpo como templo y nuestro hogar son espacios de oración y encuentro con Él y no, una cueva de ladrones, debido a prácticas comerciales inmorales que desdicen de nuestra esencia divina, mensaje, que además nos recuerda que no estamos condenados al pecado, sino que por su misericordia somos consolados, siendo necesario que nos acojamos a su guía, siendo fieles a esos preceptos y mandatos que están allí en su Palabra para reorientarnos.
El Creador nunca nos rechaza, por el contrario, esta presto a restaurarnos, pero requiere que nuestras diarias palabras se enfoquen en ese nuevo pacto que Él quiere consolidar con nosotros, siendo el Espíritu Santo el que nos da dicho entendimiento para que sirvamos mas, logrando así que cada una de nuestras actividades nos aporte en ese propósito de crecimiento integral en donde nuestro lenguaje debe ser el principal insumo para cumplir con ese propósito en donde a cada instante nos debemos proyectar hacia Él a través de esta Su obra, dejando a un lado así esa visión que hace que en ocasiones no hagamos nada mas que quejarnos y maldecir (קַב, qab).
Nuestras palabras fueron creadas por Él para que nos recreáramos en ellas, sin embargo nuestro lenguaje producto de nuestra necedad (נָבָל, nabal) pecaminosa, sigue basándose en lo limitado y confuso consolidando un realidad que nos conduce a imaginarios finitos, capturando percepciones sesgadas a través de nuestros sentidos, lo cual nos hace visionar nuestras vidas desde nuestras interpretaciones alucinantes egoístas, por lo que debemos entender que cada expresión por insignificante que nos parezca debe alcanzar un nuevo sentido acorde a esa visión celestial de integrarnos desde nuestras expresiones.
Incluso cada onomástico nos llama a entender que desear lo placentero nos lleva es a la placenta de nuestra madre o sea a conmemorar nuestro nacimiento y a caminar en busca del nacer de nuevo en ese lugar sagrado que nos albergara eternamente, reintegrándonos a través de la vida, necesitando por ello que nuestras palabras, interacciones e interrelaciones están acordes a ese propósito que resignifica nuestra salvación (יָשַׁע, yasha).
Etimología que a su vez nos ayuda a comprender que cualquier palabra, venga del latín o del griego (πλακοῦς) o de otro lenguaje, nos habla más que de una cosa y su forma o plano: de la vida, esa que Él nos otorgó y de la cual parece nos olvidamos por seguir dejando que nuestras expresiones e imaginarios se recreen en imaginarios que roban hasta nuestra tranquilidad y que como mercancías nos consumen, cuando en cada entorno Él mismo nos entregó los insumos para vivir conforme a su Palabra, siendo por ello, cada queja una muestra de esa desconfianza (מִבְטָח mibtákj) duda y desconexión con nuestro Padre Celestial y con todo lo que Él a cada instante nos ofrece.
El Texto de Textos nos revela en Romanos 1:22, “Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23 y cambiaron la gloria del Creador incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles”.
Oremos para que la Palabra del Creador sea la que nos guie.



