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Mi Kabbala – Tevet 14, 5786 – Sábado 3 de enero del 2026

¿Iniciales?

El Texto de Textos nos revela en Sofonías 3:9, “En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre del Creador, para que le sirvan de común consentimiento”.

Estudiar las letras del alfabeto hebreo (אָלֶף־בֵּית עִבְרִי‎, alefbet ivri) nos permite entender que la sexta y última, de acuerdo a la creación del universo: Vav, al tener que ver con el tetragramatron, representa esos cuatro puntos cardinales (zenit y nadir: IHVH). Análisis que nos habla además de esa armonía universal a la que le debemos aportar y por ende de la búsqueda de unión entre el Creador y Su obra; macrocosmos, que se mueve con la vibración de Su palabra, la cual nos ilumina, sirviéndonos de herramienta conceptual para restaurar nuestras relaciones, rotas por nuestro pecado, lo que quiere decir que debemos fluir con esa Su esencia que es la fuente de nuestras vidas.


Vav (ו), contiene como signo la invitación a amarnos, proceso que desde nuestra lejanía contiene los peligros y tentaciones terrenales y que por lo tanto, nos obliga a colocar toda nuestra atención en Su guía, para que cual peregrinos dentro de este mundo no terminemos aferrados a esos placeres y sus engañosos satisfactores. Imaginario que nos recuerda a través de este signo lingüístico con forma de gancho o lazo, que liga a dos cosas o personas, que debemos integrarnos y que nuestras acciones nos renuevan dentro de ese plan, por lo que nuestras pruebas y elecciones contienen dichos desafíos relacionales.

Desde la gematría, dicho letra simboliza el seis (shesh, שש) en pro de denotarnos esos dos polos energéticos que entendemos como nuestra dualidad, fuerzas que se atraen en pro de la unidad, pero que nos permiten alinearnos hacia un lado, lo que nos lleva a errar, convirtiendo la procreación por ejemplo, en placeres sin sentidos, lo que implica que nuestras decisiones necesiten de Él para que nuestras dudas, nos permitan crecer y no perdernos en ilusiones adversas que confrontan nuestros sentimientos generando a través de ellos estímulos engañosos que simplemente nos incitan a buscar cambios.

Vav, como letra nos llama a buscar esa armonía en todo lo que significa que nuestra capacidad de crear, de fabricar o construir cumpla con ese propósito de vincularnos, de unificarnos, de darle una nueva forma a nuestras propias vivencias en pro de encontrar en esa atracción o magnetismo, más que el estímulo que genera nuestro sistema nervioso, el ideal de acercarnos cada vez más al Creador a través de Su obra, nexo que como incentivo nos permite realmente coordinar aquello que antes leíamos como tentación (massah, פיתוי).

Cada uno de los signos lingüísticos entrelazados nos ayudan gracias a la vibración que genera la palabra del Creador y que moviliza también nuestro mundo interior, a que nos acojamos libremente a esa transformación, lo cual explica las fusiones mentales que coordinan parte de nuestro ser y que con sus reacciones moleculares reproducen esa renovación permanente que entendemos desde nuestras engañosas ilusiones como razón de ser de la vida, cuando son solo insumos de comunicación del mismo Creador con nosotros para que reconozcamos nuestra esencia y disfrutemos tanto de esta tierra, como del cielo en el que también coexistimos, ya que no hay comienzo (matjil, מַתְחִיל), ni final.

El Texto de Textos nos revela en Juan 15:7, “si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”.

Oremos para que nuestras expresiones provoquen amor y armonía.

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