
Mi Kabbala – Tevet 15, 5786 – Domingo 4 de enero del 2026
¿Fluimos?
El Texto de Textos nos revela en Éxodo 34:6, “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad”.
El Árbol de la vida nos enseña a través de la sefirot Jesed (חסד) del verdadero amor, ese del cual nos distanciamos, tanto, que lo confundimos con nuestros fluires emocionales limitados, lo que nos invita mas bien a consolidar otro tipo de visiones menos bipolares que contaminan nuestros resentimientos, lo que hace más que necesario que entendamos esos procesos internos en donde el amor nos va enseñando de desapegos, de la importancia de dar, de esa necesidad de corregir lo que hacemos de forma incoherente y sobre todo de dejar que sea ese vínculo perfecto el que nos integre a nuestro padre Celestial.
La palabra hebrea para referirnos al amor (ahav,אהב) nos enseña a través de las letras: (אב) alef (א: jefe),y bet (ב: casa), un nuevo concepto de padre, uno que nos invita a entenderle como nuestro: abba, del arameo ab, por lo que al sumarle la letra heh (ה), todo nos indica que Él es nuestro aliento de vida, Espíritu Santo, que con Su fluir misericordioso es el que nos da vida, integrándonos con todo lo creado, lo que además se traduce en que ese vinculo es el que guía nuestras vidas, así que debemos corresponder a ese compromiso inquebrantable, a ese pacto que Él hizo con nosotros y que se mantendrá eternamente pese a nuestras desobediencias y menosprecio.
La Biblia está llena de propuestas que nos inspiran a entender el amor como el principal propósito de nuestro corto proceso terrenal, sin embargo, pareciera que al respecto de esta palabra no hemos podido lograr una interpretación más consecuente que la que nos lleva a confundirla con un sentimiento, ese a través de la cual deberíamos permitirnos consolidar una cotidianidades más fraternales, en donde nuestros pensamientos, palabras y acciones estén llenos de esa Su esencia, la misma que se homologa a esa bondad divina que entendida desde Su misericordia, promueve una serie de valores que parecen lejanos en sociedades en donde priorizamos el valor, pero al dinero (שקל, shekel).
En el Cantar de los Cantares (שִׁיר הַשִּׁירִים, Shir Hashirim) encontramos una proyección de ese amor que nos confronta, frente a lo que predicamos a diario y que solo estimula nuestras emociones, convirtiendo este fluir por momentos en algo adverso, lo que implica volver a Su mensaje salvador, el cual nos reitera que el amor no espera nada a cambio, que solo da, ya que ese vínculo se mantiene en firme, aunque la otra parte no se ocupe de devolverlo, quizá por ello es tan difícil para nuestra humanidad el comprender que Él se colocó en nuestra baja condición humana; por amor, denotándonos que el único camino de retorno es esa fe que se expresa a través de ese sentimiento.
Amor que parte de ese carácter de nuestro Creador: bondadoso, sentir que fluye a través de Su Palabra, por lo que no varía, es inalterable y nos sigue guiando hasta que voluntariamente comprendamos todo lo que implica ese vínculo perfecto que nos integra y aísla a la vez de esos resentimientos mundanos que cogobiernan nuestras relaciones esclavizándonos temporalmente a emociones que necesitan más bien nos nutramos de Jesed, si de ese servicio fraternal que afecta directamente nuestro corazón (lev, לב) y vida.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 9:13, “Pero vayan y aprendan qué significa esto: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios”. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”.
Oremos para vivir irradiando ese Su amor.



