
Mi Kabbala – Tevet 18, 5786 – miércoles 7 de enero del 2026
¿Tientas?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 15:1, “después de estas cosas vino la palabra del Creador a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande”.
La oscuridad debe entenderse como la ausencia de la presencia de nuestro Creador, debido a que estamos alejados y separados de Él, lo que nos obliga a entender que vivimos a tientas: como pecadores que coexistimos frente a deseos e incoherencias que creemos llenan ese vacío existencial, para lo cual acumulamos equivocadamente todo tipo de objetos e imaginarios, los cuales solo nos generan desarmonización con nuestro propio ser desconociendo además lo único que necesitamos: reconectarnos y reconocernos en Él y lo bueno de su esencia, aislándonos del mal (רָע, rah).
La oscuridad (choshek, חֹ֫שֶׁך, kjoshék) o tinieblas, como opuesto de la luz (owr), hace referencia más a nuestra ceguera (miseria, falsedad e ignorancia), si, a una especie de cortina o velo mental que obstruye el paso de esos rayos de Luz del Creador que deberían iluminar nuestro entendimiento hoy y siempre, lo que hace que vivamos confundidos y atados a todos esos excesos egocéntricos que nos generan más desaciertos y caos, los mismos que hacen que apaguemos aún más nuestro ser, desatendiendo todos los llamados que nos hace nuestro Creador para comprender lo que en su todo significa la vida.
Tristemente parece que estuviéramos satisfechos de coexistir en medio de esa visión sesgada inconsciente, fruto de dicha oscuridad espiritual, engaño de un ego que con sus espejismos nos hace ver en esos objetos y en lo exterior, luminarias a las que deberíamos adherirnos, alucinaciones que nos incitan a aislarnos de Su Luz, esa que estando en nuestro interior no percibimos, porque vivimos regularmente desconectados y distraídos en todo tipo de sentimientos adversos que regularmente dominan nuestras razones inundándonos de más especulaciones: miedos (yare, יָרִֵא)
Jojma (Chokmâh, חָכְמָה, parte del Árbol de la Vida) que rige la columna de la derecha de la misericordia divina, nos invita a usar esa sabiduría para movernos en los senderos del Creador y elevarnos de estos planos oscuros, alejándonos de la incertidumbre que nos aísla mucho más, cuando solo deberíamos confiar en Él, siendo preciso desenfocarnos de esas alucinaciones egocéntricas que con sus excesos desdibujan un bienestar que nos preocupa, cuando deberíamos ocuparnos menos en esos distractores mercantiles y denotar que Él está allí presto para iluminar nuestro retorno a nuestro hogar celestial.
Ahías (אֲחִיָּה, ‘Ǎḥîyāh,hermano) como profeta, nos llamó a dejar de dividirnos fruto de nuestra ceguera y acercarnos a esa Luz Divina, que es la que nos permite apreciar de mejor forma todo lo que debemos corregir a diario, haciéndonos más conscientes de nuestras equivocaciones hasta lograr con ese nuevo entendimiento ser guiados más allá de nuestras oscuridades. Diario devenir que nos reconfirma que algo está fallando en nosotros y que ello tiene que ver con nuestra imposibilidad de aceptar las cosas como son y como las debemos reenfocar gracias a la Palabra del Creador, esa en la que realmente podremos visionar con sus destellos y chispas lingüísticas el cómo encender nuestro entendimiento.
El Texto de Textos nos revela en Hebreos 12:27, “y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles”.
Oremos para aceptar que somos bendecidos inmerecidamente por el Creador.



